Birra con Daniela (Insatisfacción Crónica #58)

Birra con Daniela. Está puteada. Estaba saliendo con una mae de 23. Ajá, reparo en lo cómico del tema. Daniela, que pasa cagándome por mis escapes “de lonchera”, de pronto entrepiernada con una tipa 10 años menor. Pero yo a Daniela todo se lo perdono, tiene un get out of jail free card eterno, puede cagarla cuantas veces quiera. Recuerdo cuando, tras dos abortos que le tocó enfrentar sola (o digamos, conmigo) me dijo que iba a empezar a salir con mujeres. No solo no me sorprendió en absoluto, no pude dar argumentos dignos para defender a mi género. Reitero, en todo caso, que la decisión no me resultó ni súbita ni caprichosa: Daniela no es una tipa de poses y siempre le habían gustado las mujeres, simplemente no se había dado a la tarea de salir en serio con alguna. “Detesto las putas etiquetas, pero digamos que me declaro sapiosexual”, me dijo, cuando le pregunté si ahora iba a presentarse como bi. Tenía sentido. Toda la vida a esta mujer lo que le atrajo fue una buena conversación, caso contrario no habría cómo explicar un par de noviazgos que tuvo con dos hijueputas que dejan a Javier como la versión tica de Sean Connery. Uno de ellos le llevaba 20 años y era, previsiblemente, profesor universitario. Algo tiene ese oficio que pareciera venir acompañado del derecho a saltar a la cama con criaturas a las que les mencionás el muro de Berlín y te preguntan si es una película. Ese no era, claramente, el caso de Daniela. Es una de las mujeres más inteligentes que he conocido en mi vida y estoy seguro de que si terminó con el profesor fue porque ella se aburrió de él y no al contrario. Pero volvamos al presente. Hoy Daniela está, como dije, puteada.

La niña en cuestión se llama Galadriel y, cuando me soltó el dato, no pude evitar la carcajada. Pero Daniela no estaba de humor para discutir los alcances de Tolkien en el Registro Civil de Costa Rica, así que le pedí me contara la historia de la elfa criolla. Tal cual, me dijo que tenían un par de meses de salir pero que la relación se había puesto intensa y que, como la mae estaba peleada con los tatas, le había ofrecido que se mudaran juntas. Pausa comercial: se me pararon los pelos, esto sí que no lo vi venir. “¿Bretea?…”, le pregunté. “Sí, trabaja hace 4 años en un call center, gana bien y hace rato quiere independizarse”.

“Seguí, seguí”, le digo. Y sigue. Galadriel estaba ya alistando cajas cuando le salió con un plot twist que explica el humor de mi prima, usualmente poco proclive a perder su paz mental. Resulta que la niña se venía hablando hace unos meses con una tipa en Vancouver por Facebook. Y que ahora, de buenas a primeras, le anunció a Daniela que sí iba a jalar de la casa, pero no con ella. Que lo sentía mucho, que le gustaba un montón, pero que “sentía” que Caroline era su destino. Eh, ¿su destino?. “Sí, su puto destino”, me dice Dani, zampándose la birra como si estuviéramos en happy hour. “Agarró y se fue ayer, sin más, a vivir con una mae a la que no conoce, que no le ayudó con el pasaje, que no le promete ni asegura nada, que tan solo le mostró las tetas por Skype y listo, se convirtió en el amor de su vida”.

Reinaron un par de minutos de silencio dubitativo de mi parte. Acá estoy, sentado frente a la mujer que es el ORÁCULO de mi puta vida, incapaz de darle un consejo medianamente digno. Pero Dani no está triste, está enojada. Así que disparo, con aplomo, lo mejor de mi artillería: “Oíme, qué cosas, pero es que ya sabés lo que dicen, ¡un par de tetas jalan más que dos carretas!”.

Durante dos coma cuatro segundos se me quedó viendo fijo y temí lo peor. Entonces, estalló en risas. “Te amo hijueputa, no sé qué haría sin vos”. Yo tampoco Dani, yo tampoco.

Relato #58 de 365 que componen la Bitácora web de Claudio Amador, a publicarse bajo el título Insatisfacción Crónica este diciembre.