Café Espontáneo: Jonathan Córdoba

Fotografía: Alberto Font

A diferencia de las personas con las que he conversado antes, Jonathan no está sentado hoy frente a mí a razón del azar. Usando la plataforma de SuCanje pedí un regalo para la oficina de Contexto. A cambio, ofrecí esta semblanza: una fotografía escrita a partir de un café en La Mancha.

Aunque un afiche de Rage Against the Machine me sedujo el corazón decidí que el ganador sería Jonathan, quien ofreció una botella con la imagen de Skeletor (personaje que presenta las noticias en mi Snapchat) pintada a mano. Fue un gesto amable, de una persona talentosa. Tocaba conocerla.

Un hombre sospechosamente feliz

Hay gente que lo trae, cuya energía de inmediato asusta a los que llevamos un radar disperso y susceptible a inesperados golpes energéticos. Jonathan es ese tipo de persona: desde que extiende la mano emana entusiasmo. Esa misma sonrisa con la que tomó asiento no se borró de su rostro a lo largo de la hora que acordamos, ni siquiera cuando habló de temas delicados. Quizá debí empezar por preguntarle: ¿Cúal es el secreto de su felicidad?

Córdoba probablemente habría contestado algo en la línea de “apropiarse de la vida”. Meses atrás renunció a un trabajo más que estable en la Municipalidad de San José, donde laboró durante 16 años. Desde entonces se entregó a labores domésticas y al cuido de sus hijos.

“Gracias a esta señora (señala a su esposa), que trabaja y sostiene el hogar. Es cierto que vivimos más limitados económicamente pero nuestra calidad de vida ha mejorado considerablemente; recuperamos tiempo en familia y muchísima paz. ¡Hasta dejé de enfermarme! Ahora mi esposa llega a la casa y ya todo está listo, los niños comidos, las tareas atendidas…”.
Uno de sus más recientes trabajos.

Factotum a la tica

Yo hago de todo”, me dice Córdoba. ¿Qué quiere decir eso? Que este licenciado en publicidad es, antes que nada, cuentista, compositor, actor, pintor, animador, y promotor cultural.

¿Actor?

“Sí. Es que un día vi una obra y me dije ¿cómo será eso de actuar? ¡Voy a intentarlo! Empecé con un taller de teatro en la Municipalidad y fui saltando de obra en obra con papeles pequeños, fui pastor, gobernador, policía… actué en el Laurence Olivier, en el Melico Salazar y en el Nacional, donde tuve la oportunidad de participar de una obra que se estrenó frente al Presidente de la República”.

La faceta histriónica de Jonathan lo ha llevado a entrarle a todo: desde procesiones de Semana Santa hasta anuncios publicitarios en el periódico (que conserva), pasando también por Buen Día y el recordado programa de Ignacio Sánchez Expedientes CR06.

Así, serpenteando de una afición a otra, terminó ya dos libros de cuentos cortos. “Estoy pensando en publicarlos, pero de pronto me meto en otra cosa y me obsesiono con el nuevo proyecto, como con las botellas, que es a lo que le estoy entrando ahora”.

Su experiencia como publicista se limita, según el mismo acepta, a “un reality que se hizo en JBQ”. Durante 6 meses (en 2008) no recibió salario (pidió un permiso en la Municipalidad) y luchó por uno de los dos puestos que la compañía ofreció a quienes participaron de la competencia. La dinámica era en parejas y la suya quedó en segundo puesto, así que Jonathan tuvo que regresar a la municipalidad, “donde de todos modos pagaban mucho mejor”.

Córdoba también disfruta de hacer videos para contar historias. Aquí un pequeño homenaje a The Walking Dead: alcanzó 7.000 reproducciones en el sitio de fans de la serie en Costa Rica.

La Muni

En el 98 Córdoba estaba estudiando publicidad cuando la Municipalidad de San José empezó a impulsar el programa de los policletos. Le llamó la atención y aplicó, a fin de pagar el préstamo de Conape. Superó las pruebas y consiguió ingresar, pero el programa fue congelado por falta de fondos. Sin embargo, las puertas quedaron abiertas y, para aprovechar su formación, lo aceptaron como guarda municipal.

“Cuidé el Mercado Cental, el edificio José Figueres… fui escolta de alcaldes… también fui archivista y gestor cultural, yo iba concursando en cuanta cosa abrían aprovechando mis estudios”.

Jonathan (a quien también movían de puesto según a quién incomodara) trabajó además en monitoreo de alarmas y promoviendo la venta de sistemas de seguridad. Sin embargo, a pesar de tanta vueltas en el entramado municipal el puesto que ocupó por excelencia fue el de parquimetrista.

“En aquel entonces el que trabaja como operario aspiraba a llegar a guarda, el guarda aspiraba a llegar a parquimetrista y así… siempre me dijeron que no llegué más alto porque no soy lamebotas…”.

Si yo te contara…

Según me explica Jonathan el cantón central de San José cuenta con unos 40 parquimetristas. Durante cerca de una década él fue uno de ellos. Como es de esperar en las calles de nuestra capital lo vio todo “y más”. Sin embargo, Jonas (como también se le conoce) decide no adentrarse mucho en esos recuerdos.

Si yo empezara a contarte todo lo que me tocó vivir no terminamos nunca… son cientas de historias, una vez un tipo manejó 100 metros en reversa solo para pegarme, ¡ni siquiera le había hecho la multa!”.

Toma aire y sin que yo se lo pida empieza a explicarme por qué no profundiza en las historias (sí, también paranormales) en este momento. Es un hombre de familia. Es un hombre feliz. Prefiere pasar la página y abocarse al presente; todavía tiene fresca su renuncia tras no tolerar más todo lo que le tocó atestiguar. Corrupción, tráfico de influencias, intereses creados… ¡eso sin entrar a hablar de la vida en la calle!

Antes de morir tengo que escribir un libro con todas las historias de San José y la municipalidad… es que es de no creer”.

Un amigo.

Botelarte

Volvemos al presente y a esa naturaleza inquieta de Jonas que lo llevó a preguntarse a qué tarea productiva podría entregarse durante las horas libres en el hogar. Fue así como se encontró con una botella mal puesta en la casa y decidió pintar un paisaje criollo, tanteando la idea de algún día hacerle competencia a los vendedores de artesanía que se ubican en las faldas del Poás.

“Mientras sea reciclado y pueda aprovechar material de desecho, yo feliz, me gusta trabajar con lo que tenga a mano, me basta con la cajita de herramientas para entrarle, si tengo que hacerte algo en este momento, al menos lo intento”.

Así empezó a robarle horas a sus tardes y entre las tareas y las comidas de sus hijos pintó tantas botellas que de pronto ya eran 50.

— ¿No has pensado abrirte un Facebook y venderlas por encargo?

Debería, ¿verdad?

Sonríe. Vuelve a ver a su esposa. Sonríe de nuevo.

Visiten Botelarte en Facebook.

  • Un libro: Marcos Ramírez (Carlos Luis Fallas) “Lo he leído unas 20 veces, él no estudiaba, le bastaba con leer a Julio Verne para abrirse paso en la vida”.
  • Un disco: Dookie (Green Day) “Porque fue el primer casete que compré, me marcó muchísimo”.
  • Una película: The Pursuit of Happyness. “Tengo una colección de como 400 en la casa, me encanta el cine”.

Este café espontáneo fue presentado por SuCanje, Contexto, Café La Mancha, y… ¡Botelarte!