Documental: The Internet’s Own Boy: The Story of Aaron Swartz

Bill Hicks, Uno de mis autores/comediantes favoritos ​solía decir que siempre terminamos matando a la gente buena, a la que se le ocurre “cambiar el mundo”. Hay muchas formas de acabar con estas personas, una de ellas es acorralándolas y asfixiándolas hasta el extremo cuando se meten con el status quo.

Aaron Swartz se ahorcó a los 26 años y recién ahora, gracias al documental sobre su vida disponible en Netflix, el gran público puede comprender el trasfondo de su historia y el impacto de su legado.

Si 26 años parecen pocos tomen en cuenta que a los 13 ganó el premio ArsDigital por desarrollar The Info Network, una especie de Wikipedia antes de Wikipedia. A los 15 ya había sido parte fundamental del equipo que desarrolló la maravillosa tecnología RSS y cocreador de la arquitectura digital que empoderó Creative Commons. De ahí pasó a ser parte del equipo que creó Reddit. Antes de cumplir los 18 años ya había cambiado Internet como lo conocemos. ¿Qué habría hecho este tipo con toda la vida que le quedaba por delante?

Swartz poseía un cerebro excepcional y decidió ponerlo en uso y beneficio de la comunidad, del mundo. No soportó la cultura del Silicon Valley y fue despedido de Wired, donde entró a trabajar tras la venta de Reddit. En aquella etapa fue profundamente infeliz pues cada vez tenía más claro que su camino no era el de Steve Jobs, sino el de Sir Tim Berners-Lee, padre de Internet, quien regaló su creación para el beneficio de todos (el elogio que dedica a Swartz tras su muerte es uno de los momentos más emotivos del documental).

Sus intereses iban más allá del éxito (como lo entienden la mayoría de los mortales), Aaron quería hacer política desde la tecnología y decidió entonces dedicar su vida a enfrentar el sistema, ridiculizándolo en el proceso. El acceso a la información de dominio público fue una de sus obsesiones, tal y como se desprende del Guerilla Open Access Manifiesto que firmó:

“La información es poder. Pero como todo poder, hay quienes quieren mantenerlo para ellos mismos. La herencia científica y cultural del mundo entero, publicada durante siglos en libros y revistas, está siendo digitalizada y su acceso bloqueado por un puñado de empresas privadas. Podemos pelear de vuelta. Aquellos con acceso a estos recursos (estudiantes, bibliotecarios, científicos) tienen un privilegio. Pueden alimentarse de este banquete de conocimiento mientras el resto del mundo queda por fuera. Pero no pueden (moralmente no deben) quedarse con este privilegio solo para ustedes. Tienen el deber de compartirlo con el mundo”.

Sus esfuerzos en ese sentido dan cuerpo a buena parte del documental. Mientras tanto, Swartz trabajaba en otras causas políticas y sociales. En 2010 fundó Demand Progress, organización a la que en buena medida le debemos la muerte de SOPA. Así de importante fue este tipo.

Aaron podría pasar por un joven idealista más. Se dice que todos los seremos, somos o fuimos, hasta que la vida se nos impone y terminamos cumpliendo con el rol de ser, — parafraseando al venerado cuarteto británico — , otro ladrillo en la pared. Naturalmente no todos tenemos el cerebro prodigio del niño que aprendió a leer a los 3 años. Pero incluso él, que logró demostrarnos hasta dónde se puede llegar, terminó perdiendo la partida. Y nosotros, que disfrutamos de los beneficios que nos legó con su obra, seguimos y seguiremos siendo cómplices silenciosos de un sistema que puede y debe cambiar.

Más que respuestas, el hombre nos heredó preguntas. Algunas de ellas muy buenas. Los dejo con mi favorita (mal traducida e interpretada a mi gusto) y con la recomendación de sacar el rato para ver el documental: ¿qué puedo hacer para cambiar el mundo y por qué no lo estoy haciendo ahora mismo?