Por razones 100% egoístas no soy fan de Sarahah

Quienes conocen mi trabajo saben que soy una especie de “buitre” de las redes que anda cazando noticias e información relevante para procesarla y difundirla: me dedico a “curar” las noticias de Costa Rica para enviarlas por correo electrónico cada mañana.

Como podrán imaginar esta labor implica un uso activo de Facebook y Twitter todo el día: paso navegando la red en busca de insumos. Naturalmente toparme en el feed una lluvia de respuestas a preguntas personales — que por definición no me conciernen — me dificulta la labor. De ahí que, como dije, por razones 100% egoístas no soy fan de Sarahah.
¿Entonces usted tiene una cuenta?
No. No me resulta una herramienta útil o necesaria. Pero me parece fenomenal que quien quiera usarla la use y del mismo modo que quien no quiera usarla pues que no la use. Mi “queja” es más bien pragmática, de diseño. Creo que habría sido más práctico que el feed de respuestas el usuario lo diera en la propia red y no en Twitter y Facebook.
No soy el mae que se queja de que la gente tome selfies. Soy más bien el mae que se queja de que la cámara para tomar selfies tenga tan baja resolución.

¿Es un peligro la aplicación? ¿Qué dice de nosotros todo esto?
Naturalmente creo que como todo fenómeno social moderno Sarahah es una oportunidad de entablar un diálogo interesante sobre nuestra necesidad de afecto y validación y los límites “saludables” para saciarla. El tema es que si lo digo yo, suena solemne, si lo dice Black Mirror suena épico.
Perdón por existir.
No creo, sin embargo, que esa conversación alcance para basurear a quien usa la aplicación desde un endeble pedestal moral. Cada uno de nosotros ingresa a la web buscando atención o validación de distintas maneras. La atención es la “moneda” de la era digital. Si usted no ha hecho las paces con esa realidad entonces sí que necesita terapia.
Somos niñas y niños compitiendo por el interés y la aceptación de los demás. Uno de mis autores favoritos lo explica mucho mejor que yo:
Usted, que usa Sarahah: busca atención y validación. Usted, que no lo usa y basurea al usuario: también. Yo, que escribo este artículo jugando de científico social: también. En el camino nos topamos todos y nos damos de frente con cualquier cantidad de contradicciones, asumiendo además que estamos en distintos “bandos”. Bien distraídos. Bien entretenidos.
Este tema me apasiona y espero abordarlo algún día en una colección de ensayos (Cuando te canses de mí) que apenas llevo por el 20%. Mientras tanto, hay que aterrizar en lo que apremia: ¿Es buena idea usar Sarahah? Diay, como casi toda herramienta digital, “depende”.

En este video que les comparto mi amigo del alma (y amante según los mensajes que le llegaron) René Montiel explica cuáles son los usos de la plataforma y cuáles sus potenciales riesgos. Es bueno tener esta información clara antes de mandarse, particularmente cuando hablamos de niñas, niños y adolescentes. Provecho.
PS: Difícilmente Sarahah vaya a hacer algo que atente directamente contra su privacidad —lo que pide lo piden cientas de apps—, pero ciertamente sería memorable que algún día revelara quién está detrás de cada mensaje. Ahí sí que ardería el mundo.
