– ¿Por qué no lloraste?

No supo que contestar, miles de recuerdos saturaron su mente por unos momentos, miles de aromas embriagaban sus sentidos, sus manos temblaban y aumentaban los latidos. Inclino la cabeza, exhalo el humo del cigarro y con una voz quebrada respondió.

Después de 4 palabras su amigo se alejo lentamente. Una vez estando solo, al igual que las cenizas de su cigarro, cayo al suelo, miro su vaso, saco un hielo y lo poso en su mano y mientras este se derretía, apago su cigarro contra aquel árbol que esa noche le hacía compañía.

Tomo el ultimo sorbo del whisky, no por condición, sino por convicción. No era la necesidad de embriagarse para olvidar recuerdos, si no que tenia la necesidad de embriagarse para recordar momentos. Noches de desvelo en buena compañía. Paseos por la mañana en perfecta armonía. Todos esos momentos en perfecta sincronía. Se unían frente a el para verlos, para revivirlos una vez más.

El alcohol hizo lo suyo. El tabaco también. Y mientras prendía su ultimo cigarro a lo lejos lo vi… como una lagrima rodaba por su mejilla. Sabia que el había llorado antes, no lo ocultaba, solo le dolía. Jamas olvidare sus 4 palabras. Que al día de hoy me guían en la vida. Nada es para siempre, el decía.

Y por eso lo deje solo aquella noche, nada es para siempre el decía. Y yo, yo me aleje para aprovechar todo aquello que tengo en mi vida.