Educando la picaresca

Vivo en una sociedad donde la trampa está socialmente aceptada en casi todos los aspectos que me rodean.

Si quieres que tus hijos estudien en tal o cual colegio, hay una lista de cosas que debes hacer, que son como los diez mandamientos. Empadronas a tus hijos en la casa de los abuelos, falsificar tu declaración de la renta para luego presentar una complementaria en la que…

Es curioso ver como toda la sociedad te aconseja en ese tipo de “tejemanejes” o te recuerda lo tonto que eres si no lo haces tu también, o no dejan de defenderlos con el socorrido “todo el mundo lo hace”.

Esta es una realidad que, ni es nueva, ni cambiará con el paso de los años. Aceptémos que somos una sociedad tramposa, lo llevamos en los genes, nos rodea, somos así.

Y si le damos una vuelta…

La trampa no deja de ser un “atajo” para conseguir un fin. Quiero que mis hijos tengan la mejor educación que yo les pueda dar, así que me interesa que estudien en este colegio. Para que puedan matricularse en este colegio tengo que… aquí viene la trampa, que en muchos ámbitos y ocasiones se convierte en delito.

Si somos capaces de “inventar” tal cantidad de movimientos para cometer un delito, alguna capacidad innata tendremos para “inventar” soluciones.

La trampa no aceptada por esta sociedad

Imaginemos un niñ@ que le pega un chicle en el pelo a otro niñ@ en medio de una clase.

El profesor@ indignad@, y trás una merecida reprimenda, le impone como castigo (tarea) copiar en su libreta 250 veces:

“No volveré a pegar chicle en el pelo de María Jesús Pérez” (el nombre va con apellido para que fastidie más)

Además tendrá que tenerlo listo para mañana! El realizar esta tarea le impedirá hacer cosas habituales y que además le reconfortan, ir al parque, ver la tele, darle una zurra a su herman@… cosas de niñ@s.

Si vives en la misma sociedad que yo, y además te has encontrado en alguna situación similar cuando eras pequeño, sabrás cual es la solución más rápida.

El niñ@ pegachicles, trás llegar a su casa, coge el cuaderno y empieza a escribir, No,No,No… (en una columna) volveré, volveré, volveré… (en la siguiente columna), así hasta terminar de escribir 250 veces la frase que le había sido encomendada.

Pegachicles ha utilizado la picaresca para agilizar una tarea, que se suponía le iba a llevar toda la tarde y parte de la noche, en cosa de 45 minutos. Había conseguido sacar tiempo para irse al parque. (Aunque finalmente lo utilizara para zurrase con su herman@).

Al día siguiente entrega la tarea a su profesor@, que indignad@ le reprocha que la forma en la que escribió la frase no es la correcta. Que tenía que haber escrito la frase completa “No volveré a pegar chicle en el pelo de María Jesús Pérez”250 veces, en lugar de escribir las palabras en columnas.

El resultado habría sido el mismo, pero el profesor@, en lugar de valorar la solución que el pegachicles había encontrado para agilizar la tarea, le impone un nuevo castigo. Tiene que repetir otras 250 veces (o más, dependiendo de lo que hubiera lastimado su ego). Y es que… “¡Había hecho trampas!

En realidad pegachicles se encontró con una tarea en su mesa, utilizó la picaresca para realizar este trabajo tal cual se la habían dictado, y consiguió realizar la tarea en la quinta parte de tiempo que se supone que necesitaría, consiguiendo el mismo resultado (de no ser por el profesor@, que no había observado la posibilidad de que hubiera un niño capaz de solucionar un problema de un modo que a el no se le habría ocurrido).

La próxima vez que escuches “Martínez, necesito esto para el viernes”, párate a pensar un momento. Piensa en como solucionarías tu esa tarea, sin imitar la forma que llevas viendo desde que empezaste a trabajar.

Algo se te ocurrirá… lo llevas en los genes.

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