QUÉ NO HACEMOS

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No buscamos. Tampoco encontramos: detonamos. Tratamos de reducir a cascotes el granito de los usos y costumbres de discursos malgastados para hallar las vetas de un sentido todavía no tergiversado por las convenciones a las que nos resulta demasiado cómodo aferrarnos.

No somos. Traemos un mapa en blanco. Como en el colegio. Poned vosotros los nombres de los ríos, las montañas. Las capitales de provincia. Las fronteras que queráis trazar o dispersar con un sólo soplido entre las esquirlas de esa sucia goma de borrar, tan entrañable…

No nos amparamos bajo la coartada del Arte ni de cualquier otra Gran Categoría. Desconfiamos de las mayúsculas. No jugamos a ese juego. No jugamos a ninguno. No jugamos. No nos hemos recetado un método ni se lo intentamos imponer a nadie.

Las voces que perfila «La tijera manca» conocen la teoría pero ejercen la praxis. Recordamos a Virgilio: «Furor arma ministrat». La furia improvisa sus armas. Las secciones entre las que se reparten sus propuestas responden a este único principio.

Rumores que operan con la inmediatez y lo cotidiano para plantear breves preguntas y algún amago incierto de respuesta. Ruidos que se sumergen en la estática de fondo que nos envuelve como un mantra repetido hasta la nàusea. Estrépitos que, en mitad de cualquier noche, sobresaltan el humor de calles poco transitadas. Estruendos que tratan de tomar el control o evitar ser tomados por él.Luz por último, luz siempre en singular, depurando como nuestros filos la corteza seca de los árboles derrotados.

O no. O todo puede ser. O todo se verá. En ello andamos

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