SITGES 2015 (6): THE FINAL GIRLS

El reciclaje irónico y sentimental de los años ochenta ha llegado a las películas de desmembramientos y machetes enormes. O ha vuelto a llegar, porque si hay un género propenso al reciclaje irónico y sentimental es el terror de sangre y vísceras y monstruos y cada año Sitges programa al menos una película que intenta conmovernos apelando a nuestros miedos infantiles con la ternura metarreferencial de un peluche del agarracaras de Alien o de Cthulhu y que se convierte en el visionado obligatorio para los que hemos rebasado con mucho la treintena y pillamos las coñas. Y si los más jóvenes no las pillan, se hacen un poco más explícitas y de trazo grueso, hay que abrir mercado.

Si hace un par de años le tocó a Cabin in the woods, producida por Joss Whedon, factotum de Buffy y Avengers, este año nos encontramos con «Final Girls», una propuesta que apuesta por una revisión más convencional y acotada en sus referencias, con un monstruo claro y sencillo, no ochocientos, y quizá por ello más adecuada para un público más generalista. La premisa es igualmente simple y previsible: un grupo de adolescentes actuales se meten literalmente en un slasher de los años ochenta, con sus irremediables chistes sobre morir virgen y otros tópicos manidos, sobre todo el de la chica final, que da título a la peli, la heroína que siempre acaba eliminando al monstruo, o casi.

Pero ojo, esto no es Scary Movie: el humor es compatible con un juego inteligente de las reglas, incluidos algunos guiños interesantes hacia lo que supone estar literalmente metido en una película, más un par de toques de sensibilidad paterno-filial y trascendencia del propio personaje que son más que previsibles, pero sin estorbar demasiado.

Al menos las muertes son casi todas divertidas, y en Sitges el furor grupal de un cine. a las diez de la mañana tampoco te deja ponerte demasiado criticón con las comedias si son honestas y bien tratadas.

Una siesta y un par de cervezas más tarde puedes verter alguna reflexión más a fondo. Como que la metarreferencialidad, palabra que me encanta, del terror no es terror, y que el cine mainstream, desde Scream, parece encontrarse en un momento en que ha agotado sus referentes sin haber logrado construir unos nuevos.

Existe la falacia esa de que las historias son siempre las mismas y que lo único que hacemos es repetirlas, pero eso funciona para los críticos, que desarticulan el relato en unidades cómodas de analizar, no para el narrador, que no se debería limitar a encajar piezas de Lego.

Pero eso parece que es lo que parece que ocurre con los guionistas ‘occidentales’, peor cuanto las producciones requieren más pasta, y quizá por eso palidecen a los de otras latitudes. Que, no nos engañemos, son igual o más de tramposos, pero juegan con referencias lo bastante diferenciadas. Habrá quien no esté de acuerdo, pero mi impresión es que el J-Horror no dejó de estar de moda por poco original sino por todo lo contrario.

Por algo como todo esto que trato de explicar, no me gusta el concepto de narrativa ‘de género’, porque considero que coarta el alcance de las propuestas, tanto desde el punto de vista del que las hace como del que las recibe.

Y también por cosas como esta es por lo que me llaman ‘cuñado del fantástico’ y las conversaciones de sobremesa huyen de mi pontificado. Qué le vamos a hacer.

En Sitges seguimos de momento entre semana y es más fácil hacer vida de turista normal, los restaurantes no están muy llenos y los cines… Bueno, sí, pero no tanto. Lo suficiente para que la mitad de mitad tu grupo se vaya a ver el «Macbeth» de Michael ‘Culoprieto’ Fassbender, tal y como le han bautizado por aquí tras ver dos de las pelis que han traído y. cuentan con él en su elenco. También se ha dicho: «¡vaya paquetón!».

Total, que por esas cosas del destino y las recomendaciones de los colegas tú acabas haciendo de canguro de dos niñas de cuatro y once meses.

Toma final girls

Los críos me suelen caer mejor que sus padres, es un hecho. Por muy amigos que sean sus padres. Y ya he comentado por aquí que ir con un bebé es el mejor detector de posible imbecilidad de los camisetas-negras

¿Qué hacer en Sitges con niños una tarde noche en la que los puestos de la playa están cerrados? Lo mismo que en cualquier otro sitio: correr mucho, comprar chuches, discutir sobre si «Scooby Doo conoce a los Kiss» es mejor que «Mi vecino Totoro» y «Frozen» y resistir la tentación de hacer un homenaje al «Acorazado Potemkin» cada vez que afrontas una de las legendarias cuestas de Sitges con el carrito. A ver: puesto así suena mal, pero la cría se parte la caja… De risa quiero decir. No me miréis así. Yo no tengo la culpa de que este pueblo tenga calles que parecen un tobogán…

Pero bueno, cada hora nos acercamos más a la eclosión de la fiesta festivalera, y mientras buscas un sitio donde te puedan hacer un sandwich bikini para que el cachorro que tiene más dientes pueda cenar, uno va haciendo planes.

Y las recomendaciones de los colegas llueven, así como los delirantes comentarios en Twitter criticando películas en términos de la Escuela del Resentimiento, aunque esto daría para hablar largo y tendido en otro momento.

De momento, cuidado: la que pensabas que tiene menos dientes te acaba de dar un bocado al intentar quitarle una patata frita que espero que no me reclute para el próximo Zombie Walk…

En fin: larga y próspera vida…