SITGES 2015 (7): ONE OF US

Llegas a la edad en la que te da por pensar que no hay nada más terrorífico que la vida normal y sus fracasos y decepciones cotidianas y la única forma de levantarte cada día de la cama es prepararte un café tan, tan cargado que te haga capaz de ver el ruido: no te impresiona cualquier cosa.

A lo largo de tu vida, has visto demasiadas películas, leído demasiadas novelas y cómics, jugado demasiados videojuegos para que el miedo etiquetado y empaquetado bajo una marca comercial te impresione. Incluso lo ves con el amor domesticado con el que ves los reportajes sobre olas de calor en los zoológicos que ponen. en el telediario. Pasas de freak a friki.

Tienes grabado en tu cerebro al dependiente de la tienda de videojuegos, una especie de avatar humano del de las gafas de Alvin y las ardillas pero con más granos y más orejas desafiándote (sic) a ponerte el «Silent Hill 2 Director’s cut» a oscuras.

Esa cara se asoma a mi mente cada vez que el cine te arroja la historia de un tipo que conduce en una carretera en las primeras horas de la noche para responder a la llamada de una dolorosa voz de su pasado, y algo así me ha sucedido con los primeros acordes de «The Invitation».

Una película muy sencilla, que aplica con riguroso realismo una premisa que otros podrían llenar de monstruos y diosas oscuras pseudo-lovecraftianas, me lo puedo imaginar sin mucho problema.

Si yo fuera un crítico de cine, hablaría del ritmo lento, opresivo, asfixiante, un poco a lo Shyamalan pero sin forzar el efectismo de sus primeros tres cuartos, con inteligentes y pequeñas elipsis que para alguien que considera que el cine es el arte de mostrar ocultando muestran oficio y cuidado a tope. O las magníficas interpretaciones de una serie de actores que hacen de gente haciendo cosas, no tópicos, sobre todo cuando las convenciones y las máscaras saltan por los aires. En un momento dado parece que la moraleja de la película es «mejor no tener amigos».

He salido satisfecho pero no del todo entusiasmado porque el tema de las relaciones humanas como fuente del terror y la incapacidad para asumir nuestras culpas como origen de nuestra propia destrucción al final se trata de una forma que no llega a impactarme del todo.

Sobre todo en una imagen final que recuerda que el terror ha explotado hasta la saciedad toda variante y que, aunque se pueden lograr ejercicios de un estilo brillante, las historias, cuando llevas dentro tu propia versión, son hasta previsibles.

Eso sí, le da mil vueltas al terror mainstream. Y la propuesta merece un par de repensadas y reflexiones que pueden ser interesantes para los que tenemos el vicio de estas cosas. Resumiendo:

La segunda película que he visto hoy es «I Am A Hero» (アイアムアヒーロー, Aiamuahīrō), adaptación de un manga sobre zombis, lo cual a priori es muy buena señal pero en la práctica no tanto. Me explico: el cine japonés tiene el mismo problema que cualquier otro a la hora de adaptar otros formatos.

A saber, que en la mayoría de los casos están tratando de estirar la tajada comercial de un producto. Porque el cómic y el cine son industrias, a diferentes escalas, pero ambas funcionan bajo el principio de coste y beneficio, y cuando ambas se mezclan pueden salir auténticas obras de arte y auténticos truños.

«アイアムアヒーロー» se queda a medio camino, siguiendo los patrones clásicos de las comedias de zombies que hemos visto desde Shawn of the Dead aunque tratando de imprimir un tono épico al final que chica con la impresión hilarante de los primeros minutos.

Pero esto es lo que ocurre cuando sigues a rajatabla los patrones de un género. Imagino que el material original, que no he leído, desarrolla estos elementos con un tempo y profundidad que es difícil de captar si no es una publicación seriada y de largo recorrido. ¿O creéis que una película de «The Walking Dead» funcionaría?

Porque momentos gore y chistes con las colas a la puerta del Primark de Gran Vía de Madrid aparte, la pretendida mayor originalidad de «アイアムアヒーロー» no es tanto un apocalipsis zombi en Japón, sino su protagonista, un tipo mediocre, un friki, un mangaka que no ha llegado a nada, UNO DE LOS NUESTROS atrapado en una vida y unas relaciones frustrantes que reacciona arrastrado por la marea de los acontecimientos hasta que en los últimos diez minutos en un momento épico previsible desde el título y desde un par de diálogos que a media res te hacen un spoiler de la propia película.

Otros elementos que podrían hacer la película mucho más oscura, o cómica, o ambos a la vez se quedan a medio camino o apenas esbozados. Aquí podríamos establecer un paralelismo con «The Invitation» en relación a cómo se retratan los personajes en crisis, aunque en la americana la crisis sea algo casi doméstico y a pequeña escala, aunque demoledor porque es real, y en la japonesa la metáfora de los miedos al Colapso de Nuestra Civilización.

Ambas pretenden reflejar diversos aspectos de la crisis del Hombre Moderno, y digo hombre porque la narración se ancla al punto de vista de su protagonista: no es una crítica, pero es un hecho.

En アイアムアヒーロー incluso el personaje femenino y poderoso, clave para la supervivencia, y sacado directamente de un Resident Evil, saga a la que parece que el manga original que, repito, no he leído, dedica unos cuantos guiños, es neutralizado convenientemente.

Mientras en «The Invitation», más modesta en su propuesta, es la paranoia del protagonista la que nos guía y eso distorsiona nuestra percepción de los personajes. De una forma sutil, pero eficaz.

A fin de cuentas, todos tenemos miedo a salvarnos: sospechamos que no somos héroes.

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