Del día que me dijeron “puta”
Les escribo algo que seguro va a espantar a mi mamá.
El otro día reflexionaba sobre algo que me pasó hace meses, una ex amiga me llamó “puta”. Naturalmente y después de reflexionar sobre lo que ha pasado últimamente con mi triste vida sexual, me ofendí.
No porque me considere la más pura de la galaxia, o porque no haya hecho nada reprobable a los ojos de millones de hombres que les gusta dar a todas menos a sus santas novias, sino porque lo dijo en serio y dolida.
En su cabeza creyó que le comía el mandado, pero nunca se dio cuenta que a mí en lo personal no me gusta comerme la comida de mis amigas, llaménme romántica, pero yo prefiero ir a cazar lo mío, además me gusta ir a buscar mis propias piedras para tropezarme, aparte que en sí, la palabra “puta” no me ofende, quizá que indirectamente me llamara “ratera” fue lo que me enchiló.
Nunca la saqué de su error, nunca le pedí perdón, por dos razones: 1. No había hecho nada; 2. (La más importante) No me voy a disculpar en ninguna situación por ser “puta”.
Y esto genera debate, el sexo escandaliza, el machismo me reprueba, mis tías seguro se asustan, y bueno, pues mi “amiga” no me habla…
