La pesadilla del peso
Nunca entendí lo difícil que sería mi vida hasta que no me cerraba un pantalón y la siguiente talla me quedaba floja… Es que estar entre tallas es lo peor, porque no sabes si lo correcto es comerte otro pan o beber agua hasta que el pantalón te pueda cerrar…
Lo más difícil de ser mujer es tener que correr esa carrera contra los kilos (o correr cualquier carrera, trotar, nadar, pilates, inserte aquí cualquier actividad física), porque todo está en tu contra: las hormonas son un duro obstáculo, a eso súmale tu mal metabolismo, tus hábitos desordenados y esa poca voluntad que tienes cuando es lunes a las 10:30 a.m. es tu primer día de dieta y en tu lugar de trabajo empieza a oler a desayuno de los godinazos con los que trabajas, tú, totalmente indefensa y hambrienta, miras tu manzana y no sabes si resistir o declinar, porque cuando tienes sobrepeso, tienes una gran responsabilidad, te conviertes en ejemplo de voluntad y lucha, eres más o menos como la guía alimenticia de todos a tu alrededor, si te ven bajar cuatro kilos en quince días, tomas forma de tarjeta de presentación de tu nutriólogo y de cartel publicitario de tu gimnasio, además como eres una constante de “baja y rebote” te vuelves catador de nutriólogos, y convertidor de calorías humano, prácticamente eres el ejemplo vivo de una dieta, porque ya sabes combinar alimentos, cuanta agua beber, qué colaciones hacer, cuál aceite usar, ¡hasta sabes dónde venden los mejores tuppers!… lo que no sabes y OJO chicas, aquí está la clave y el secreto de los Dioses, aquello que ni yo misma he podido dominar… es cuando dejar de meter en tu boca todo aquello que en el transcurso del día se te antoja y que es justo lo contrario a lo que dice la hojita que tienes pegada en el refrigerador
