Creando a la heroína de acción perfecta

Hace un par de días salió el primer trailer (o teaser o como quieran llamarlo) de Rogue One, el spin-off de la nueva trilogía de Star Wars que contará sobre el robo de los planos de la Estrella de la Muerte para su posterior destrucción en las películas que ya todos conocemos. Ya sea porque nunca vieron el material promocional previo o no se informan al día con las noticias de la franquicia, no podía faltar el que pegó el grito al cielo porque la protagonista no era un hombre blanco (probablemente) heterosexual y que los tiempos actuales están arruinando los medios de entretenimiento actuales. Ya saben, esos tipos.

Sin embargo, no quería detenerme en sus comentarios y una reacción así no puede salir de la nada y necesita una causal. Y es que el cine y los medios en general escasean de heroínas bien construídas y que no sean un mero montón de clichés reunidos en una figura con tetas para encantar a todo el público y que se vuelvan íconos culturales más allá de su sexo o de su color de piel, ya que por el contrario, la figura de la mujer siempre ha quedado relegada en los medios (salvo excepciones) a ser la típica damisela en desgracia o un mero complemento del protagonista, lo cual tampoco es malo si el personaje es interesante y más complejo que su premisa inicial de “trofeo por obtener”.

Mujer bonita es la que lucha

Uno de los errores más comunes que veo cuando la gente crea personajes femeninos es asumir que su belleza sólo está asociada a lo que dirán los hombres y por lo mismo se esmeran en crear chicas tomboy o que parecen sacadas de tu imageboard misógino favorito, lo cual es un error gravísimo, porque una mujer que se preocupa por su físico o que incluso se maquilla puede ser igual de inteligente y luchadora que quien no lo hace, ya que el exterior no tiene mayor relación con lo que pueda entregar en su psiquis.

Sí, estamos claros que el prototipo de mujer bella de cómic altamente sexualizada (y sus contrapartes en otros medios) ayuda en término de ventas y más cuando quieres que los hombres compren tu producto, pero analicémoslo por unos minutos: ¿cuántas de esas sex-symbol siguen vigentes y que estén bien construidas a tal punto de que si eliminamos la parte física, el personaje queda igual? Probablemente muchos me mencionen varios, pero en términos generales son pocos los que perduran con el tiempo, porque una cara y un cuerpo bonito son sólo eso y lo que queda en la memoria son sus acciones y sus frases, lo que representan para el producto y para sí mismas.

Muchos se quedan con su imagen de chica sexy, pero Bayonetta ofrece mucho más y hasta se ríe de sus clichés.

Las niñas (no) lloran

Otro error frecuente es que la heroína en cuestión tienda a borrar todo rastro de femeneidad y se convierta en el arma de destrucción perfecta que no pestañea mientras apunta con su arma, aderezado con frases clichés como “yo no soy tu chica” o “soy independiente”. Elementos así son comunes verlos en los personajes encasillados como strong woman y de por sí también son un mal ejemplo de caracterización, porque anulan lo que vuelve única a las mujeres en el plano emocional y lo tornan más cercano al típico hombre de acción.

Tampoco es que deban colocarse 5 minutos de transición con la protagonista en cuestión llorando por cualquier cosa para darle dimensionalidad, porque eso crea otro estereotipo común en los medios y en la sociedad: que las mujeres son las únicas que sienten, mientras que los hombres son 100% racionalidad, lo cual también es malo para efectos de creación de personajes. Una mujer perfectamente puede enamorarse o simpatizar con otro hombre sin necesidad de verlo como su objetivo final en la vida, como también puede atacar a una colonia de monstruos con bastante valentía pero pensando en lo que puede ocurrirle a sus seres queridos y que ninguna de estas anule su esencia femenina, porque a final de cuentas, cada persona es su propio microcosmos de ideas y pensamientos.

Dime de qué edad eres y te diré cómo actuas

Unido al punto de la belleza, muchos creadores asumen que las mujeres, a determinada edad, siempre actuarán de la misma manera y buscan el “molde de galletas” predeterminado para construirlo. Si es una niña, tiene que ser el interés amoroso aunque trate a los otros niños mal; si es una joven debe ser soñadora que esté interesada amorosamente en el protagonista, si es que no se convierte en una guerrera sin sentimientos y guíada por pésimas líneas; ya más adulta es una evolución del cliché anterior, sólo que poniéndole más sensualidad a la primera y más rudeza a la segunda; y finalmente la anciana buena onda que hornea galletas y da sermones motivacionales.

Todos los ejemplos que di son comunes y hay veces que sí llegan a funcionar en el papel, pero una buena parte sólo son eso, “galletas” que no se diferencian una de otra y que por el éxito que cosechan se vuelven un estándar para las subsiguientes y que delimitan un mercado que, se supone, es igual para todos. Si podemos tener un protagonista aquejado de sus problemas, que vive las típicas desventuras de su edad y que tiene que debatirse entre grandes decisiones, ¿por qué no hacer lo mismo con una chica que, por ejemplo, tiene que unirse a un ejército rebelde, descubre que las causas que defiende no son las justas y tiene que debatirse entre sus viejos ideales o los nuevos, sin perder en ningún momento que sienta miedo o cariño hacia otras personas y sin caer en los clichés del género?

Personajes como Furiosa demuestran que “chica fuerte y con actitud” es más que una frase de argumento barato.

Desde luego que hay bastantes ejemplos de heroínas que son aceptadas por muchos como buenos personajes porque evitan caer en los puntos ya establecidos o incluso varios que generan opiniones divididas, ya que chocan con su modelo ideal de “heroína perfecta”. Pero si hay algo que todos van a estar de acuerdo es que un personaje que sea llamativo visualmente (y no sólo porque sea bonito), con el que puedas empatizar o que sientas que sus reacciones no están leídas por un guíon y que sea un personaje único queda de inmediato en el imaginario colectivo y crea escuela. Lamentablemente con las mujeres es más difícil, pero difícil nunca quiere decir imposible.

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