Deconstruyendo las cosas que son construíbles

Por lo general la gente, cuando quiere darle un valor especial a las cosas, siempre usa calificativos que lo hagan ver más pomposo y único frente a otros productos, lo que los vuelve de algún modo “únicos y especiales” y les aumenta el valor artístico frente a otras obras similares. Uno de esos términos es “deconstrucción” y tal como alguien que corta una cuerda con cualquier cuchillo de la navaja, el usar una palabra para describir cosas que no lo son no vuelve al producto más especial, sino una mera pretenciosidad frente a lo que realmente ofrece.
Si bien deconstrucción tiene muchos significados (e incluso Wikipedia menciona que no hay una definición fija y hay discrepancias), por lo general se asocia a cuando una obra no sigue o da distintas interpretaciones de los cánones propios de su género a tal punto que es difícil englobarla allí e incluso crea un estilo nuevo para futuras obras. Bajo esa definición es como se define Neon Genesis Evangelion y últimamente Madoka Magica (también he leído que School Days es una deconstrucción de las historias románticas, pero el ejemplo es tan imbécil y sólo se reduce a usar el recurso de los celos en su máxima expresión que no vale la pena), cosa que está bastante alejada de la realidad porque ninguna de las obras ha creado algo nuevo o significativo para la industria del anime. Sí, pueden ser obras superior a otras menos trabajadas o con el fin exclusivo de vender, pero no quiere decir que sean la panacea de la crisis creativa que, supuestamente, vive Japón.
El Evangelio según Hideaki Anno

Neon Genesis Evangelion nació en 1995, en plena crisis económica japonesa y con los fantasmas del fin de milenio acercándose. Hideaki Anno era un gran de la ciencia ficción (en especial del Tokusatsu) y gracias a Gainax pudo explotar su fanatismo por el género, pero la dirección que este tomó en los “90 se alejaba mucho del realismo que alcanzó una década atrás y que no aspiraba simplemente a vender juguetes, por lo que Anno le terminó tributando en Evangelion de una forma más que extravagante. Entre la mezcla de tramas místicas y una psicología de personajes terminó creando una obra que, si bien no tuvo el éxito inicial, posteriormente se transformó de culto y muchas otras obras siguieron el camino de “historias incomprensibles”.
Independiente que haya creado una tendencia en la industria y que surgieran muchos “clones” (algunos más buenos que otros), eso no fue más que una remembranza de lo que a Anno le gustaba en su juventud unido a la atmósfera de pesimismo que se vivía en su país, así que en el fondo no deconstruyó el género de mechas y menos el de la ciencia ficción. Las crisis existenciales de Shinji ya eran vistas en las antiguas series de Yoshiyuki Tomino, sólo que mucho más crudas, mientras que agregar una cultura exótica para explicar los sucesos no es más que un decorado (tanto para bien como para mal) para graficar una invasión extraterrestre típica del Tokusatsu.
¿Eso vuelve a Evangelion una mala serie? Para nada. La combinación de elementos homenajeados con cosas nuevas terminó creando una obra que por sí misma podría haber terminado bien y con un mensaje final más que satisfactorio. Lamentablemente el fan promedio terminó elevando su estatus de “incomprensible” más que por el mensaje que deseaba entregar y eso terminó explotando la marca a niveles ridículos para saciar esas respuestas que nadie pidió. Incluso cuando Rebuild of Evangelion buscó crear una visión más fresca de la franquicia y más honesta del estilo de Anno, lamentablemente el peso de lo “profundo” ganó y su tercera película terminó cayendo en la monotonía de siempre, de volver incomprensible lo comprensible y que nuevamente la gente prefiese quedar como ignorantes.
Haz un contrato y vuélvete un Urobuchi

Madoka Magica, por el contrario, nace en el año 2011 y con un Japón completamente distinto. Incluso la variedad de contenidos era más grande en comparación al siglo pasado, pero muchos de estos eran reservados para ciertos grupos etáreos y las posibilidades de crear un producto distinto eran ínfimas. Con eso en mente Akiyuki Shinbo (junto con Gen Urobuchi) se propuso crear una historia de magical girls distintas a lo que uno veía habitualmente y que de magical girls sólo mantenía la fachada. El darles tridimensionalidad a las chicas y que sus metas no fuesen del todo infantiles le dio un carácter más adulto y que le acarrió gran fama, casi transformando la franquicia en una “segunda venida de Evangelion”.
Sin embargo, y tal como en el ejemplo anterior, la obra nunca se sale de lo ya hecho en el género y más que deconstruirlo lo homenajea de manera sutil para construir algo completamente nuevo. Y tal como en Evangelion, muchas series quisieron tomar el camino de “series infantiles con tramas adultas” (incluso las que no pudieron salir antes por problemas externos, como Gen’ei wo Kakeru Taiyou) y se podría decir que creó escuela en su tiempo, pero más allá de mantener una narrativa o un estilo visual similar no es algo que no se haya visto antes.
Y aunque en el anterior párrafo se ve como un punto negativo, lamentablemente va más allá de simples semejanzas. Y es que Madoka Magica se basa más en el shock value y en crear una suerte de ambiente donde se destruye lo ya establecido para darle un carácter más adulto y crudo, algo que es habitual en la narrativa de Urobuchi y que tampoco es un recurso que ellos crearon. El por qué es popular a pesar de eso es justamente la misma que en Evangelion: la gente se sorprende fácilmente y toma cualquier cosa como innovadora, porque vive en un supuesto donde lo ya establecido predomina y es ese falsa visión la que genera que se miren como obras trasgresoras cuando no lo son.
Jarmush comentó una vez que nada es original en el mundo del cine y ese mismo principio se aplica para ambas obras. Eso no quiere decir que al estar basadas en otras obras se le resta más valor del que tienen, pero verlas como pináculos del medio y revolucionarias no es más que ignorar el pasado que tienen detrás y tomarlas como meros ídolos que caen por su propio peso.