No elegí piel ni cuna, ¿por qué la culpa?

Sí, me había prometido “cerrar” el blog por mi nuevo trabajo, pero no me impide volver a abrirlo. Después de todo, ¿qué me impide tomar decisiones sobre cosas que hago? O en un plano general, ¿qué me impide tomar decisiones y retractarme de ellas más allá de que me traten de inconsecuente?

Sin embargo, hay una decisión de la que no puedo retractarme, porque es algo que me decidí a cumplir a partir de este año y que como van las cosas lo voy a cumplir, porque tiene que ver conmigo mismo y con un tema del que no suelo hablar públicamente (y que por lo mismo amerita reabrir esto): mi sexualidad. Y sí, tiendo a ser muy reservado en mi vida personal y más con ese aspecto, porque fui criado y soy de la idea que la vida privada no es algo que se pueda ventilar a cualquiera y los pocos que me conocen más allá de lo que publico en mis redes sociales saben cómo soy realmente. Probablemente sea un inconsecuente para los demás por contarles mi situación recién ahora, pero tómenlo como un acto honesto de mi parte para todos; no me hará más valiente el confesar que dejo de ser hombre ni tampoco un cobarde por decirlo, simplemente lo digo porque quiero.

Si bien cuando era niño era lo que podría definirse como alguien normal con su género ya definido, no fue hasta los 20 años que me empecé a cuestionar si estaba bien o no el camino que me forjé como hombre, hasta el punto que me rendí y me dije a mí mismo que no necesitaba cambiar porque los demás ya me veían como un hombre; posiblemente más sensible y más “femenino”que el resto, pero hombre a final de cuentas. Pero esa carga que me conlleva serlo “a la fuerza” me ha causado más daño que bien con el correr de los años y lo poco que me quería se iba desvaneciendo hasta que sólo deseaba el día que renaciera en el “cuerpo correcto” y sentirme bien conmigo mismo, porque mi yo actual no tenía peso alguno ni para mí ni para el resto y sólo cumplía con el rol que me asignó la naturaleza y que muchos tomarían como un acto valiente por no caer en el vicio de ser del lado “menos privilegiado”. Prácticamente estaba encadenado mentalmente a algo que no me gustaba.

Sin embargo, este año quise darle un nuevo sentido a mi vida y todo fue gracias a, irónicamente, mí mismo. De algún modo empecé a hacer cosas que antes no las hacía por vergüenza o por sentirme inferior a otros, me abrí a gente que me di cuenta que valía mucho más como persona y que podría considerarlos como amigos, comencé a cuestionar la vida que vivía y si esta merecía un cambio y un sinfín de cosas que mi yo del pasado nunca haría. Suena un tanto irónico que la muerte de David Bowie, a quien valoro bastante como músico y persona, fue la que me dio el empujón de avanzar con hobbies y proyectos que estaban estancados y apreciarme tal como soy, porque justamente la vida de Bowie fue la de un hombre que iba a su propio ritmo y que había encontrado su propio espacio en medio de un planeta que lo veía como extraño más allá de su talento.Y fue justamente esa determinación la que me dio el paso para comenzar mi transición de sexo y, de una vez por todas, cumplir mi sueño de ser una mujer hecha y derecha.

Ya a estas alturas el que me habrá leído tendrá una visión distinta de mí (o a lo mejor no, quién sabe) y está bien, porque es su punto de vista y es respetable. Pero independiente de lo anterior, seguiré con mi plan de realizarme como persona y de alguna forma romper el cascarón que me he formado a base de decisiones que no me gustaron y que más que ayudarme, me dejaron en un agujero del que pensaba que no saldría nunca. Sí, he dicho y cometido errores en el pasado y he aprendido de ellos, pero no quiere decir que deba amarrarme a ellos por una responsabilidad que no debo asumir ni cargarlos hasta que me muera porque afuera hay gente que vive pendiente del pasado ajeno. El futuro es ahora y no vale la pena retrasarlo por mi bien personal.

Ya con esto doy por finalizada una etapa de mi vida importante para comenzar una más brillante, aunque sin negar lo turbulenta que puede llegar a ser y que me tomará mucho más trabajo, pero con la satisfacción que hago lo que quiero y bajo mis propias reglas. Lo bueno es que tengo el apoyo de las personas que más quiero y eso me deja satisfecho para seguir adelante. En cuanto a los demás, ya saben dónde encontrarme.