Males Naturales.

Cómo de costumbre salimos con padre a dar una vuelta en la avioneta. El iba en la cabina delantera y yo en la anterior. Cuando volavamos sobre el campo de entrenamiento veo como se formaron varios ciclones tornado, más grandes de lo normal pero fácilmente evitables. Papá de habrá distraído porque tuve que alertarlo antes de que nos metieramos dentro de esos remolinos y tuvimos que hacer un aterrizaje de emergencia, que fue un éxito.
Bajamos de la avioneta, que había quedado al lado de unos tinglados, y estuvimos a punto de discutir la situación en donde nos había metido pero un ruido tremendo nos robo la atención. Desde el fondo del campo de entrenamiento venía a todo velocidad, al no tener obstáculos, un tsunami de viento que se tragaba a los ciclones tornado como si nada. Venía en nuestra dirección a una velocidad increíble; pude hacer pie y agarrarme de una columna del tinglado pero papá no fue tan rápido.
Se empezo a elevar algunos centímetros y cuando el tsunami nos chocó, a pesar de sus dos metros y ciento cincuenta kilos, lo levantó tan rápido que ni siquiera pudo gritar del miedo que en su cara se dibujó. En un segundo se elevo vários metros y cayó incluso más rápido, y así, rebotando con el cuerpo incansablemente fue hasta que terminó el tsunami. Corrí para ayudarlo pero era tarde, su cuerpo estaba irreconocible.

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