La vuelta a Cortázar en 80 palabras

Lo conocí a Julio a mis 18. Él tenía puesto la tapa dura color naranja con un cuadro de Max Ernst. El nombre “Rayuela” prometía una lectura pasatiempista, de minitas. A cuántos Cielos he subido en mi vida! Los primeros dos intentos — al misionero y al Cortázar — fueron un fracaso. La tercera cita, dos años después, fue aguda, dipsómana, fatal. Como si él mismo tomó mi mano y juntos, paso a paso, subimos al Cielo. Y yo no bajé nunca.