Nuevo León, 2017.

Will you grow older with me?

Para mi hermana en su cumpleaños

Hace unos días recordé que nunca te compré un regalo cuando cumpliste 21. Tenía toda la intención de hacerlo. Quería envolverlo, empaquetarlo y enviarlo junto con un álbum de fotos de nosotras. Aún así, no lo hice.

Y aunque desde los once me empeñé en capturarlo todo, era imposible imprimir todas esas fotos mentales que tengo en mi cabeza. ¿Cómo seleccionar nuestros mejores momentos? Ni siquiera con esa cámara amarilla que siempre cargaba pude asegurar cada uno de los días de risas, de discusiones, de películas y de complicidad. Nuestra complicidad.

Fuiste el primer retrato que tomé. Todavía recuerdo que te vestí con ropa extraña que armé viendo un par de revistas y unos Keds rojos. No creo que haya sido tu mejor foto pero siempre me seguías la corriente.

¿Te acuerdas cuando hacíamos experimentos? Esas fueron las únicas veces que me ha ido bien en ciencias. Aunque si tengo que escoger, mi travesura favorita era cuando nos ocultábamos del Gordo para que no destruyera nuestra casa de muñecas.

Todavía tengo un vago recuerdo de nuestras pláticas con la lámpara de noche apagada, ya después de que mis papás pensaban que nos habíamos dormido. Ahora, cuando no apago la luz de mi cuarto antes de dormir, siento que vas a gritar: “¡Dany, ya! ¡Apaga la luz!”. En nuestro mundo, siempre seré Dany.

Nuestras peleas. Siempre hemos sido el contrario perfecto. Yo de 8 años saliendo en vestidos rosas con mi bolsa de mano y tú de 5, con pantalones de mezclilla y un par de colitas lista para patear un balón.

Y aún así, siempre solemos coincidir en las cosas importantes. Hemos sido la sombra una de la otra pero también el soporte que más hemos necesitado cuando todo va mal.

Confieso que no he encontrado a alguien que me tenga más paciencia que tú cuando pongo mi clóset de cabeza y aún así siga argumentando que no tengo nada que ponerme. Siendo sincera, tú sí encontraste a alguien más paciente que yo esperándote en los probadores de cada una de las tiendas de cualquier centro comercial.

Dije que hace unos días recordé que no te había dado nada de cumpleaños pero la verdad es que fue ayer en un café con dos señoras sentadas frente a mi. Eran las mujeres mayores más guapas que he visto, tomando un café juntas. Las manos les temblaban pero seguían riéndose.

Lo único que pude pensar fue: así seremos nosotras. Seguro yo llegaré tarde porque no sabré qué ponerme pero nunca importará porque tú llegarás aún después. Te pude imaginar con ese collar que tiene tu nombre que tanto te dolió perder en aquel hotel. Yo no sé cómo llevaría el cabello. ¿Me lo habría cortado?

Está claro que estaríamos hablando sobre cómo Jorge Elías nunca nos contesta el teléfono para chismear de la vida. Claro que no lo haría, seguiría siendo muy joven aún.

Y mientras fantaseaba con nuestra versión adulta de la vida y nuestras casas en la playa, una de las viejitas le pregunta a la otra: ¿te acuerdas cómo murió mamá? Me quebré. Solo pude mirar fijamente la pantalla de mi computadora. La conversación que vino después me hizo el corazón chiquito. Empezaron a recordar aquellos últimos días en el hospital y lo mucho que les dolió.

Y mientras yo fingía no estar escuchando entre lágrimas, hubo una larga pausa. El ambiente se tensó. ¿Cuánto faltaría para sus últimos días? ¿Cuántos cafés les quedaban juntas, Jacque?

Sé que te puedes imaginar mi cara. Era la misma que hago cuando veo películas. Tú hubieras hecho la misma larga pausa pero sólo para comprobar que estuviera llorando. Después te reirías.

Y de pronto, la conversación continuo: “Pasemos a cosas más felices”. Sé que ambas siguieron con esa idea en su cabeza, justo como yo.

Se fueron unos minutos después y no les pude agradecer que me hayan hecho recordar que nunca te hice ese álbum de fotos ni te compré ese labial.

Aún así, estoy emocionada por lo que vendrá, por nuestra complicidad y los días de risas, los mensajes de voz, los nuevos años, los viajes, los momentos que compartiremos y la terquedad que ambas, lamentablemente, heredamos. Justo es así como sé, que pase lo que pase, nos mantendremos tercas que esto es para toda la vida.

Te adoro, hermana.