UX aplicado a mi vida (O como salir del lío en el que me he metido)

Tanto en mi vida personal como en la laboral siempre me lanzo a la aventura con nuevos retos. Soy así, no lo puedo evitar. Tengo una idea que me parece buena y la llevo a cabo. Pero claro, antes de pasar por Ironhack, la llevaba a cabo basándome solo en mi propia intuición, en ese instinto aventurero que me decía “¿Por qué no?”. Ahora que he conocido las bondades del design thinking y de una buena experiencia de usuario intento aplicarlas a mi día a día para valorar si de verdad esa idea es buena (lo que yo denomino como “ideaca”) o no y, sobre todo, a resolver los problemas que vayan surgiendo si decido llevarla a cabo.

“¿Por qué no?” Pues porque puedo liarla.

Aquí radica el tema por el cual escribo hoy. He descubierto que, antes de ir a loco y sin frenos, hay que pararse a pensar si lo que estás a punto de hacer, lo que estás ideando, es realmente algo bueno. Pero si ya te has lanzado a emprender algo y te estás encontrando con una infinidad de pain points te cuento mi experiencia personal y lo mismo te sirve de ayuda. Vamos con un caso práctico.

Capítulo 1. Cuando decido que me quedo con mis sobrinos.

La velada sería así.

Son dos. No son bebes (es importante para mí saber que pueden ir al baño por si solos). A simple vista parecen inofensivos. No creo que sea difícil pasar una noche con ellos. Se juega un rato, se les da algo facilito de cena, un par de capítulos de Peppa Pig y a la cama. Me ofrezco a cuidarles. Mi primera sospecha de que algo no va bien llega cuando sus padres tardan 0,3 segundos en aceptar que me quede con sus hijos. Pensé que el apego sería mayor y que les costaría pasar una noche sin sus hijos, pero la velocidad a la que les preparan la mochila es pasmosa.

Ya estamos los tres en casa un viernes. Estarán cansados después de toda una semana coloreando a destajo en el cole. Esto está “chupao”.

Capítulo 2. What?

Todo se ha desmadrado. ¿Cómo? Ni idea. Yo les estaba viendo jugar. Playmobil 1 iba a rescatar a Playmobil 2. Sin venir a cuento, sin explicación y delante de mis ojos se ha desatado la catástrofe. Se insultan, se lanzan los pobres Playmobil (uno ha perdido el pelo al impactar contra el suelo) llaman a sus mamás y se acusan el uno al otro señalándose con el dedo muy muy estirado. Les digo que son primos, que hagan las paces y que chitón. No cuela. Se odian. Les planteo jugar a un inocente juego de mesa. Vuelve la paz durante aproximadamente 3 minutos. Vuelven los llantos y hasta cae algún manotazo. No atienden a razones. No quieren ver a su amigo Rayo McQueen ni leches. Solo quieren llorar. Por supuesto, maldigo mi predisposición a cuidar de esos dos (ya no son mis sobrinos, son esos) me permito colapsar durante unos segundos y empiezo a buscar una solución. En la mesa están todos los canvas que he usado para mi último proyecto de UX y se me enciende la bombilla…

Me empodero y decido que esos dos no podrán conmigo.

Capítulo 3. ¡Aguanta!

Me obligo a pensar una solución al jaleo que tengo montado en mi salón. Pongo en marcha mi sentido UX y agarro papel y post-it.

BluePrint como punto de partida.

Vale. Entre gritos de “ya no eres más mi primo” y “me voy a chivar” continuo rellenando post-its sin mirar atrás. No quiero ni pensar en el estado del salón ni en la cantidad de muñecos que han impactado contra la tele.

Hago llamadas de socorro por si alguien puede ayudarme.

Para el Lean UX Canva necesito más materiales. Los niños me ven pegando papel y sacando rotuladores y se colocan a mi alrededor. Llevan 30 segundos sin pelear. Me emociono, no puedo evitarlo.

Capítulo 4. Vamos a entendernos.

Comienza la ronda de entrevistas. Cojo a la niña y me la llevo a la cocina. Intento hablar de qué tal el cole y cosas así para ir ganándome su confianza y sacarla del cabreo mental que tiene con su primo. Le pregunto acerca del origen de la disputa. Ya no se acuerda (no debía ser tan grave como para montar semejante pollo). Indago sobre cómo podríamos llevarnos todos bien y volver a ser amigos. De sus palabras consigo sacar en claro dos cosas: que el primo es tonto y que quiere que yo participe con ellos en sus juegos. Para esto hemos quedado.

Me llevo al niño a la cocina. Repito la estrategia. Genero sensación de complicidad (dejándole que me cuente otra vez cuando habló con los marcianos) pregunto sobre el origen del conflicto (este si se acuerda, y lo hace con dolor, Playmobil 1 no rescato del fuego a Playmobil 2 en condiciones. Lo cuenta con ira. Casi prefería que no se hubiese acordado) y le invito a que pensemos juntos qué hacer para pasarlo bien sin discutir. El propone que hagamos siempre lo que él quiera. Este niño es un genio.

Capítulo 5. La tregua.

Los canvas nos han unido. Ahora tenemos una tarea conjunta, parece que les entretiene y que la paz reina en mi salón. Hasta ahora hemos llegado a tres soluciones a nuestro conflicto:

  1. Vamos a seguir con UX los tres.
  2. Vamos a hacer cada uno nuestra propia pizza.
  3. Todo es más divertido si nos disfrazamos.

Teniendo en cuenta los resultados anteriores, hemos hecho pizzas con caritas y nos hemos disfrazado. La niña va de teenager, yo soy un señor y el niño parece Madonna.

Leo ya está listo para seguir mejorando la experiencia de usuario.

Capítulo 6. Peppa, yo sí que tengo problemas.

Madonna, la chunga del “insti” y yo nos disponemos a cenar nuestras pizzas con cara. Todo parece en calma (aunque en el fondo yo tengo bastante miedo a que se desate la ira de nuevo). Mientras Peppa Pig visita a sus primos y también acaban llorando. Pero su madre lo ha solucionado en un capítulo de dura cinco minutos y yo llevo toda la tarde. ¿Qué tiene esa cerdita que no tenga yo?

Si has leído todo el post completo espero que hayas interiorizados dos cosas:

  1. Puedes buscar una buena experiencia de usuario en casi todo lo que haces en tu día a día.
  2. Ojito con ofrecerte a cuidar de los niños.

Muchas gracias por leerme, espero que te haya gustado (recuerda que puedes aplaudir mi post!) y hasta pronto!