¿Jugamos?

Diseño gracias a Fito Espinosa

Te amé al infinito el otro día cuando estábamos en el malecón mirando el mar. La brisa suave, el atardecer, la felicidad de estar en ese momento y disfrutar tantas cosas lindas, entre ellas, tu compañía claro.

Mírame. Y pusiste tus manos en tus ojos. Me recordó a un juego de niños. ¿Me ves? Te veo. Ahora no me ves. Sonreí. This feels so good! Probemos este cambio de perspectiva. Requiere tener una mirada distinta. ¿Te animas a jugar? Asentí embelesada.

Piensa en aquella persona que se portó tan mal contigo y que te hizo llorar; que te hizo mucho, mucho daño. O que le hizo mucho daño a alguien que amas sobremanera. Mi rostro cambió, mi ceño se frunció y me achicopalé toda. ¿Por qué me haces recordar estas cosas justo ahora que somos tan felices y estamos tan bien? Es solo un juego. ¿Quieres parar aquí o continuamos? Me quedé en silencio dubitativo. Confía en mí. Vamos. Sé valiente. Sonreíste hermosamente y me diste un besito en la frente. Okay. Vamos. Dale. ¿Ya está la persona frente a ti? Sí. Pero es muy difícil mirarla. Esta bien. Así es al inicio.

Haz una delicada reverencia a esta persona. Salúdala con mucho respeto y gratitud. Mira más allá y reconoce lo bueno que hay en ella. Puede ser muy difícil al principio, por eso mira con el corazón. Me acordé del Principito. “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”. Respiré tratando de darme fuerzas para lo que venía. “Lo más bello, hermoso, puro y sagrado en mi, saluda y reconoce a lo más bello, hermoso, puro y sagrado en ti.”

La disposición de tu cuerpo es muy importante; coloca tus manos en posición de oración, así tus manos tocan delicadamente el centro de tu pecho. ¿Notas que cuando haces esto de manera delicada sonríes tan lindo? ¡Me fascina cuando inesperadamente me haces sonreír!

“Atma Namaste. Yo el Alma, saludo y reconozco al Ser Espiritual de Amor Divino, Poder Divino e Inteligencia Divina en ti.”

¿Cómo te va? ¿Todo bien? ¿Continuamos? Sí. Ahora sigues. mirando a esta persona a los ojos con mucho respeto. Le dices “yo te perdono por todo el daño que tú pudiste haberme hecho consciente o inconscientemente en el presente o en el pasado. Todo. Absolutamente todo está perdonado. Te libero completamente. Con las bendiciones de Dios todo está perdonado y olvidado.”

¿Cómo vas? Más o menos. Mucho mejor que hace unos instantes. Continuamos. Mira a esta persona con gratitud. ¿Gratitud? ¡Si, si, si!

“Muchas gracias por aparecer en mi vida. Gracias por ayudarme a crecer y a ser una mejor persona. Ahora entiendo que si apareciste en mi vida de esta manera tan intensa y te comportaste así conmigo fue para enseñarme lecciones valiosas que antes no supe aprender o no quise hacerlo. Tú eres solo un instrumento, un hermoso instrumento para hacerme notar que debo aprender a perdonar, a ser más paciente, más tolerante, a amar más y a dejar ir. La vida es como una serie de constantes e interminables pruebas donde tú fuiste mi profesor y ¡¡¡vaya examen que me tomaste!!! Gracias por probarme y hacerme cultivar el perdón. Gracias por hacerme notar que si te comportaste así conmigo, con resentimientos, cólera, ira, impaciencia y me diste tristezas fue porque que en mi había semillas de resentimiento, cólera, ira, tristezas, impaciencia etcétera en las que debo trabajar y purificar. ¡De no ser por ti, no hubiera sabido que existía eso en mi! ¡De no ser por ti no podría haber crecido de la forma en que lo hice! ¡Muchas gracias!

Mis ojos comenzaron a lagrimear quedo y suavecito. Lagrimitas se asomaban tímidas e inseguras y recorrían serpenteantes mis mejillas. Hasta ese momento no me había percatado de esa nueva mirada. No había visto así las cosas. Era tan gratificante. Me di cuenta de las innumerables veces en las que yo también pude haber sido motivo de prueba, profesor de alguien…

¡Gracias por la enseñarme esto! Te abracé con todo mi ser. Quería fundirme en ti. ¡Muchas, muchas gracias! Sonreíste como un amanecer brillante. Este juego es para valientes, requiere de una fortaleza extrema… y de mucha perseverancia. Lo sabía. Debía haber algún truco por ahí. Claro, algunas veces el resentimiento está tan incrustado que toma tiempo liberarte de él. Pero no hay nada imposible con las bendiciones de Dios.

Te pusiste nuevamente las manos en tus ojos. Ahora me ves. Ahora no me ves. Sonreímos. Guardé este momento en el cofre de oro de mi corazón mientras continuaba mirando el horizonte. “Lo esencial es invisible para los ojos”.