Ser vegetariana en el país de la carne.

Aquí te comparto lo que fue para mí.

Dianita Caballero
Feb 23, 2017 · 5 min read
Parrilla paraguaya “a la Derlis”

Cumplo un año como vegetariana en Paraguay, el tercer mayor consumidor per cápita de carne vacuna en el mundo. Paraguay que produce al año unas 620.000 toneladas (peso carcasa) de carne bovina al año y es el sexto mayor exportador de este producto. Paraguay que tiene la costumbre de comer asados los domingos y su cocina nacional es enaltecer la carne de vaca, pollo, cerdo, oveja, etc. Paraguay que se jacta de su fútbol, su guaraní y su CARNE.

Les resumo en 10 puntos lo que fue (y seguirá siendo) para mí:

1. Tuve que dar explicaciones. MUCHAS.

Vivimos en el país de la carne, y siendo paraguaya y no comerlo fue, es y será sorprendente para las personas que sí lo hacen. La carne es barata, accesible y muchos platos típicos nacionales e internacionales lo tienen. Es “normal” que todos consuman carne y cualquiera que quiebre esa cultura es “rara”. Ahora ya tengo una explicación rápida de por qué soy vegetariana y por qué me gusta. Hace unos meses, una compañera de trabajo tan sorprendida por mis preferencias, me preguntó: ¿Y cómo sos feliz?. No fue la única en este año.

Fuente: Instagram OyeMathias

2. Engordé…. Y después me regularicé.

La gran mayoría asume que con una dieta vegetariana se pierde mucho peso. Bueno, ese no fue mi caso. Al cambiar mi dieta, inconscientemente fui agregando más carbohidratos para igualar la saciedad que brinda la carne. Consumía pan o fideos todos los días porque creía que debía sentirme “llena” (como cuando uno consume mucha carne) para nutrirme. Fue así que agregué unos kilos a mi cuerpo. Una vez que empecé a pensar más detalladamente en lo que consumía y los diferentes nutrientes que mi cuerpo necesitaba, pude ordenar y mejorar mi dieta para estar en el rango de “saludable” en el cálculo de IMC.

3. Me siento ligera.

La digestión de lo que consumo cada día es más “fácil” para mi cuerpo y me siento más ligera desde que dejé de consumir carne. Según doctores, el cuerpo tarda el doble o el triple de tiempo para sacar la carne roja de tu sistema. En cambio, las frutas y verduras estarán fuera de tu sistema en menos de 12 horas.

4. Mis niveles de energía escalaron.

Este fue uno de los efectos que sentí inmediatamente. Verduras y frutas son más fáciles de procesar, entonces hoy siento que no necesito dormir la siesta después del almuerzo y que tengo más energía en el día a día para hacer lo que quiera porque mi cuerpo no está luchando para procesar carne.

5. Cambió mi relación con mi cuerpo.

Pensar en lo que ingiero todos los días me hizo pensar en otros aspectos para intentar ser más sana y hasta utilizar el “exceso” de energía que tengo. Ahora soy más consciente de mi ciclo, mis momentos del día y los tipos de ejercicios que realizo. Estoy más pendiente de lo que mi “cuerpo” me pide.

6. Planeo mis comidas y snacks.

Siempre llevo conmigo alguna fruta o yogurt para los momentos de hambre e intento prepararme las comidas en casa. Para eso me ayuda planificar mis comidas y mis horarios. Ahora cocino más a menudo diversificando además lo que consumo diariamente. Al salir a comer, siempre averiguo con antelación si ofrecen opciones para mí, y si no lo hacen, comer antes de salir o llevar mi comida. Esto me hizo ser más consciente de lo que como, en qué horarios, qué compro y dónde elijo ir. Van marcando mayor presencia aquellos lugares que tienen platos sin carne, aunque los mismos no se caractericen por una gran variedad de opciones, lo que me frustra porque me gusta comer y comer bien.

7. La mayoría de mis amigos y amigas me apoyan.

Casi todos los que conozco consumen carne regularmente, pero al invitarme a salir tienen en cuenta mis preferencias y buscan lugares con opciones. Parece pequeño, pero es un gran empujón. Además, varias de ellas disfrutan de mis cenas “a la Dianita”.

8. Falta mucho para que una persona pueda ser vegetariana sin que le cueste un ojo de la cara y unos cuantos amigos.

Se está volviendo muy frecuente escuchar a personas decididas a ser vegetarianas y/o veganas, y con ello uno puede asumir que aumentarían las opciones de restaurantes, locales, etc. Pero, usualmente las opciones “sólo para vegetarianos y veganos”, son costosas y poco accesibles. Salir a comer en un lugar de hamburguesas con la opción de hamburguesas sin carne, cuesta lo mismo que una hamburguesa de carne con tocino y jamón. Además está el riesgo de que los amigos no quieran volver a salir con una por miedo al fanatismo “anti-carne” que podría tener.

9. A veces pasé hambre.

En una ocasión me invitaron a un asado donde no tuve de otra que comer mandioca hervida con ensalada de lechugas. Ahora es más común encontrar verduras a la parrilla o sopa paraguaya en los asados y generalmente con eso me basta. Aunque aquella vez se habían olvidado de ese pequeño y gran detalle, si bien no dije nada, los anfitriones se sintieron ligeramente culpables y me ofrecieron desde frutas de cerámica — utilizadas como centro de mesa- hasta el pasto del patio de la casa para paliar mi hambre.

La trampa

10. Hice trampas algunas veces… y a mi cuerpo no le gustó.

Me gusta cocinar para mis amigos y familia, sus preferencias incluyen todo tipo de carnes, entonces probé lo que cocinaba e incluso fui con amigos a probar la hamburguesa de un local internacional que abrió hace poco. A veces comía jamón, otras piqué una que otra carne asada ante la ausencia de opciones vegetarianas. Comí lo que me ofrecían en construcciones o visitas en asentamientos. Probé platos típicos que contienen carne dentro y fuera del país. A mí cuerpo esas decisiones no le gustaron, automáticamente me sentía más cansada, pesada y en una ocasión vomité la cena — que contenía carne en su preparación- lo que había cenado la noche anterior

Pero lo que nunca me pasó por la mente fue que debería volver a comer carne regularmente.

Si, consumir de todo y no restringir tu dieta (por opción propia), es más sencillo. No tienes que preocuparte en leer etiquetas o rechazar un plato de la mamá de tu amigo que con mucho amor cocinó para ti. No tienes que pensar dos veces donde ir a comer y no tienes que lidiar con quién te dice que no es “sano” no comer carne.


Dianita Caballero

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Viajera. Sé muy poco de muchas cosas. Escribo. Leo. Juego. Canto. Amo.

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