Ser y no ser

Nací en Las Choapas, Veracruz el 3 de Junio de 1994 entre 6 y 7 de la noche. Soy de allá pues, pero la última vez que me sentí de ahí fue el 16 de Agosto del 2008, cuando me fui a otra ciudad. Posiblemente fue la última vez que me sentí totalmente parte de alguien o de algo.
Mis hermanas, mi mamá y yo nos mudamos a Xalapa por… diversas razones. Desde entonces dejamos de ser parte de la vida de mi papá, no de esa manera en la que los papás van a la tienda a comprar cigarros y nunca regresan , si no en la que seguramente él se sintió migrante en el momento en que nos fuimos, nosotras... La manada que emigró había tomado distintas formas de actuar, cambió la dinámica.
Viví ahí hasta los 18 años, la verdad es que siempre fui como un león enjaulado, a mis papás les enseñaron que por ser adultos ellos siempre tienen la razón, así que muchas veces fui cuestionada por querer irme o hacer (cualquier cosa). Me fueron impuestas reglas que honestamente a mi edad no entiendo, sólo hay un eco en el fondo diciendo “porque es mi casa y son mis reglas” y “porque soy tu padre” o madre, dependiendo quien lo dijera.
Y nos los culpo completamente. Ni a mis abuelos, ni a los que estuvieron antes. En fin.
Me fui porque, sin tenerlo claro en ese momento, no me sentía parte de ahí. Mi mamá y yo vivíamos en un conflicto constante, y también lo tenía con mi papá, porque aunque en general era raro que aceptáramos las ideas que quería imponer, habían cosas en las que sí intervenía, en la “disciplina”, que repito sigo sin entender, aunque muchos crean que por no tomar esa disciplina rígida y que no se cuestiona, los hijos resultan ser seres mimados y blablá… en lo personal no me hizo ser mejor persona.
Mi relación en casa reflejaba mi relación con el mundo. O al menos ese sentimiento de inadaptada. Lo único que me hizo sentir parte de algo en aquellos tiempo era hacer cosas en las que no creía completamente. Y créanme que me esforcé.
Pues bien… logré irme de casa recién cumplidos mis 19 años sin haber roto las reglas completamente. Me fui unos cuantos kilómetros lejos a estudiar una carrera, que meh, no sé cómo la terminé pero ahí estuve, cada semestre llorando por querer irme corriendo, resignada a nunca estar completa.
Aún rescatando varias de mis amistades de aquella temporada, muchas eran y siguen siendo completamente superficiales. De hecho no sé si es mi idea pero en muchas ocasiones en las que nos hemos dejado ir al fondo, hay cierto rechazo, como si algo estuviera mal y no debiera ser así, y sí, muuuchaaaas terminaron quebrándose. Aclaro que muchas veces fui yo la que salió corriendo por ese inexplicable sentimiento.
Hace un año y medio volví a cambiar de ciudad. Creo que en parte extraño Veracruz porque las veces en que me sentía bien, y sentí que estaba echando raíces era cuando estaba completamente sola en mi casa. Sin interactuar con el mundo, siendo yo sin ser cuestionada por mis nuevas y viejas costumbres.
Por otra parte fue ahí donde empezó oficialmente una travesía hacía dentro, que pensé que había terminado pero que al mudarme de ciudad de nuevo, me di cuenta que no.
Estoy ya tan lejos del día que me surgió el deseo incontrolable de cortar raíces y volar, que no puedo creer que en los últimos meses me han estado comiendo las ganas de correr hacía ellos, empaparme de ellos y sentir que soy de ahí.
Sin embargo cada que vuelvo a casa es como si no hubiera nacido ahí, pero también cada que salgo no encuentro de dónde anclarme, en donde decir, es aquí, es esto lo que soy y lo que necesito.
Es como si por el hecho de haber querido volar me haya condenado a ser excluida de mis raíces.
Me siento migrante en casa. En el origen. Porque es como si habláramos un idioma distinto, y como si no quisiéramos coexistir en este nuevo y viejo mundo que se separan por ideas y vivencias.
Ya no entiendo esas viejas costumbres que antes eran profundamente mías, me siento excluida cada que quiero mostrar un poco de lo que mis ojos ven sólo por el hecho de… no sé de qué.
Sentirse migrante en casa jode el alma. ¿O es que acaso el hogar ya son otras personas y lugares?
Estoy acostumbrada a creer que eres lo que tienes en la sangre pero ni siquiera me siento algo desde hace mucho.
Sé que hay otro lugar en el que hay tantos migrantes como yo que buscan un lugar donde sentirse mejor, no iguales, sólo mejor.
Migrantes, inadaptados que han llegado a la conclusión que la identidad es infinitamente densa, que uno no es de ningún lado pero al mismo tiempo es de todos.
