Sueño colectivo.

La creación de imágenes es un acto de exorcismo.


Como hacedor de imágenes con frecuencia me encuentro en un suspenso con respecto al tema o la emoción que quiero proyectar a través de ellas. Se que existen una serie imágenes y percepciones fijadas en alguna zona de mi mente, que dan vueltas y se mezclan entre sí, sin embargo la intuición me indica que entre ellas debe haber una línea conductora que les de un orden.

Concebir una imagen es un acto análogo al soñar: en el sueño la mente se organiza y los deseos, los miedos y las tensiones se hacen materiales, encubiertos de personalidad, toman forma de individuos intermitentes, animales, lugares u objetos. Así, concibo a la creación de imágenes como una dispositivo para expulsar (¿exorcizar?) momentáneamente de mi sistema esas tensiones.

La producción de imágenes es una función vital que posibilita el flujo de una conciencia inquieta respaldada por una intuición activa.

Una imagen que surge de las señas que la intuición (subconsciente) nos hace, logra materializar aquello que consterna a la psique del artista, estructurando el tema y la forma a través de alguna lógica que se articula a partir de la propia experiencia y de su sensibilidad plástica.

Se podría decir que cuando existe un bloqueo o una especie de grieta temporal entre el intelecto y el subconsciente, hay que repararla para salir de ese estado de limbo creativo, en el que las imágenes aleatorias, como quien esta poseído y habla sin sentido, se apoderan de la energía creadora.

¿A que recurrir para reactivar esta conexión entre el mundo de percepciones sutiles y la mente creativa?

Propongo varios recursos simples, como caminar sin rumbo fijo, abordar alguna ruta de transporte urbano, bailar, escribir sin prejuicios del orden de ideas, etc.

Después de darle ese aire a las imágenes aleatorias, el paso inminente es empezar a poner en papel estos “sueños lúcidos”, las visiones que flotan en el aire, las percepciones y los conceptos. Analizar que tienen en común y porqué nos resultan personalmente importantes, ¿cuál es la tensión imperante?

Y ahí empieza el exorcismo, los métodos que puedan aplicarse subsecuentemente para desarrollar la imagen en potencia son infinitos. Si todo sale bien, el “demonio” de lo abstracto se habrá convertido en materia, en obra susceptible de apreciación y, sobre todo, en impacto que resuene en la percepción de quien lleve tensiones afines y busque pistas acerca de como sublimarlas.

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