Me da miedo la oscuridad

Os voy a contar una historia y para hacerlo primero necesito explicar dos cosas:

Yo no sé nada de BDSM. En realidad sí sé algo pero no demasiado. He leído mucho y he experimentado poco a pesar de saber cuáles son mis deseos desde hace tiempo. Siempre me ha dado bastante miedo conocer a personas por internet así que durante años me quedé siempre a las puertas de FetLife (sigo sin tener cuenta). Otra cosa que me da miedo es la oscuridad. Hace más de diez años que arrastro ese problema: al principio me impedía dormir, me daba tanto miedo que al meterme en la cama gemía de pavor mirando a una esquina especialmente oscura de mi antiguo dormitorio. Actualmente me cuesta dormir sola sin una luz encendida pero resulta bastante tolerable. El nexo de unión de ambos temas en mi caso es que una práctica (¿habitual?) al someter a otra persona puede ser vendarle los ojos, lo que, por si alguien lo duda, es como estar a oscuras. Y de vendar los ojos va mi historia.

Hace dos años ya yo mantenía algo parecido a un vínculo amoroso con una persona, él era Dominante pero no mi Amo, esperaba el día en que lo vería como tal pero ese día no llegó, la compatibilidad en estos casos es difícil de encontrar. En mayo él vino a verme, lo recogí el viernes y el sábado por la mañana lo dedicamos a follar, jugar y lo que surgiera. Mientras jugábamos él sugirió atarme a una silla y vendarme los ojos. Este tema ya lo habíamos hablado, conocía mi miedo y acordamos que si me ataba no me vendaría los ojos, pero insistió. Y yo no le dije que no. Porque ya discutíamos mucho en aquella época o porque tenía esperanzas en que aquello funcionara, no lo sé. Me ató, me vendó los ojos y comenzó a azotarme con un flogger muy flojito, como si fueran caricias. Mientras él hacía esto yo me estaba esforzando por no perder los papeles: la ansiedad tiene una escalada rapidísima, pasas de cero a cien en un momento y el agobio se lo come todo. Después de segundos luchando por mantenerme calmada sin conseguirlo le pedí que parara y me quitara todo. No teníamos palabra de seguridad: “no” es no y “para” es para. Me desató, me quitó la venda y se fue al otro lado de la habitación, donde estaba la cama, a mirar el móvil. Me dejó sola. Me sentí muy mal. Lo había decepcionado, no había aguantado lo que él me había pedido y me dejaba sola, era como un castigo. Pero eso está mal, ¿no? Se supone que en esos casos debería preocuparse por mí, no he hecho nada malo. Así que me levanté y se lo dije. Nos sentamos a hablar y hablamos mucho, recuerdo diferentes partes de la conversación pero recuerdo con mucha nitidez que según él lo que ocurría es que yo no confiaba en él y por eso no aguantaba con los ojos vendados.

Esta es mi versión. Estoy segura de que él tiene una diferente e igual de válida que la mía.

Hace un par de meses volví a plantearme que otra persona me vendara los ojos y aunque aún me da miedo la oscuridad no me preocupa ponerme de los nervios porque sé que me va a cuidar. Me gusta saber eso.

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