Futbol callejero: eco de una democracia perdida

“La clave para jugar al futbol es la participación. El toque genera participación; el pelotazo, aislamiento. El toque es el fundamento del juego, la participación la condición indispensable.” Ángel Cappa

Los griegos, creadores del concepto de democracia y pioneros en su realización, construyeron dentro de su polis un espacio vacío justo en el centro donde tenía lugar la deliberación de las políticas públicas. Sólo por medio del diálogo y la confrontación entre ciudadanos libres se ejercía el poder. Resulta curioso que sus vecinos, los espartanos, tenían en el centro de su ciudad un espacio ocupado por un trono, simbolismo que habla por sí solo. La tradición republicana enseñó posteriormente el significado del espacio vacío y también el de la democracia. Aquél espacio es el lugar de expresión de la voluntad general, misma voluntad que se materializa en la ley. La democracia nunca ha sido gobernar según la opinión de las masas, si esto fuera así, el nazismo o el fascismo serían democráticos. El espacio vacío en el centro de la ciudad es el lugar donde habita lo más puro de la razón humana, su hijo pródigo: el derecho.

Actualmente la ciudad, hablo de la Ciudad de México aunque bien aplicaría para otras grandes urbes, es un espacio que ha devenido imposible para la vida humana. Tanto movimiento y tan poco espacio, no pueden generar otra cosa más que aislamiento y neurosis colectiva. La ciudad, aquel lugar pensado originalmente para la mejor organización y desarrollo posible de la colectividad, ha cedido su función primigenia y sus espacios de experiencia colectiva en orden a la lógica del capital. El neoliberalismo, la resignificación del capitalismo (que carga con sus mismas contradicciones), necesita la reinversión y la realización constante de sus excedentes, mismo ciclo que conquista a la ciudad y subsume su diseño estructural en una lógica imparable de consumo.

Ser ciudadano es ser sujeto de derecho, y uno fundamental es el derecho a la ciudad. En todo esto, ¿dónde entra el futbol? Así como se van cerrando espacios de lucha política, se clausuran también los espacios dedicados a satisfacer otra necesidad: la necesidad lúdica. Hay muchos lugares donde hay futbol y donde responde también al mercado. No hablo de esto, hablo del futbol callejero. El espontáneo e improvisado que se apropia de espacios públicos y los transforma en función del juego y de la diversión. Hablo de la apropiación que realizan dos latas de refresco, dos mochilas, un balón, y quince albañiles en su hora de descanso. Escribe el sociólogo David Madrigal: “La participación de los habitantes de la ciudad en un tipo de construcción lúdico-espacial como lo es la práctica callejera del futbol, implica confrontación, iniciativa, aporte de pensamientos, interacción, propuestas y discusiones, que constituyen la esencia de lo que el pensamiento político contemporáneo ha venido a consagrar como el ejercicio de la ciudadanía”.

Existen programas sociales, sobre todo en Latinoamérica, que presentan al futbol callejero (y a su institucionalización) como una nueva manera de transformación social y urbanística, por medio de la cual los jóvenes puedan apropiarse de los espacios que les han arrebatado y encontrar otros valores diferentes a los actualmente predominantes. Destaca el Movimiento de Futbol Callejero, nacido en un barrio al oeste de Buenos Aires y promovido por la organización argentina Defensores del Chaco, una institución que surgió como una iniciativa para brindar asesoramiento legal comunitario gratuito y que ha evolucionado hasta ser una incubadora y formadora de líderes juveniles latinoamericanos. El Movimiento realiza congresos donde se piensa al futbol como regenerador del tejido social, tan desgarrado por la pobreza, el desempleo y la violencia. También realiza un Mundial de Futbol Callejero, mismo que se realiza en paralelo a la Copa del Mundo de la FIFA y que genera un ambiente participativo donde se muestran valores que sólo el deporte (pero el futbol siendo el más bello de todos) enseña: trabajo en equipo, solidaridad, sana competitividad, respeto y tolerancia a la frustración.

Es fundamental entender que desde un discurso democrático actual, la esencia del ejercicio político es la participación. Resulta irónico que algunos intelectuales vean al futbol solamente como enajenación política, y no puedan intuir que éste pueda manifestar paz, derecho y justicia social. Quizá algún día se entenderá que el futbol puede cargar, en algunas de sus formas, las mismas características que consolidan al ejercicio democrático ciudadano. Sólo falta desplazarlas a la vida política… ¿o ya estarán?