Teatro al aire libre Joaquín De Mier y Benítez.

Hace poco más de un mes estuve pensando en ti, te extrañaba y quería saber de ti pero no sabía cómo hablarte (un simplemente “hola” hubiese bastado, pero es posible que haya exagerado, quería algo diferente y original, al final me bloquee, quizá si exageraba), justo a los días me hablaste, obviamente me alegré y para mi sorpresa querías verme, claramente accedí sin problema.

Listo, quedamos en vernos luego de unas semanas (comenzó mi tortura), de inmediato pensé en contar éso que tanto he tratado decirte, no dormía pensando en cómo hacerlo, aparte, sucedieron un sin número de cosas que a mi parecer fueron muy extrañas, quizá exageré por mi deseo de querer verte, se me ocurrió restarle valor al momento proponiendo ir a comer unos perros calientes en una cancha cualquiera de barrio para no mostrar mayor interés, mentía, es fácil darse cuenta dado que me gustan las cosas más trabajadas, realmente quería ir contigo a la Quinta de San Pedro Alejandrino porque es un lugar amplio, bonito, lleno de cosas que quizá podrían interesar y que igualmente a mi me gustan, aparte, es un lugar propicio para lo que te quería contar, pero estaba nervioso.

A los días, como ya te conté, mi perrita Kiara se enfermó y tuve que gastar todos mis ahorros en su tratamiento, en seguida pensé “Ya la salida no se dará”, a los días me dejaron un montón de trabajos para justamente para el fin de semana de la semana de receso, “Ahora menos se dará a salida”, pero algo místico sucedió, mágicamente recuperé mi dinero (mi mamá me dio un dinero de un favor que le hice y aparte me pagaron la mitad de un dinero que me debían) lo cual era prácticamente imposible, “Ahora es más factible la salida”, y como si fuese poco, todos los trabajos fueron aplazados, “Las cosas se están dando por sí solas, parece que sí la invitaré a la Quinta”.

Sin embargo, había algo que no estaba considerando, el cómo te sentirías, que opinarías, y demás historias. Así que me coloqué en el lugar de una tercera persona (ya que no podía hacerlo desde tu posición al desconocer detalles) y analicé la situación, “Una persona de dudosa intención invita a otra a un parque que es solo, pero también amplio y con buena iluminación, para decirle algo que podría cambiar el curso de su relación (sí, algo exagerado, pero podría pasar) para bien o para mal, pero el bien es insignificante comparado con todo lo malo que podría suceder”. Entré en pánico.

Estuve días pensando qué hacer y sabía que necesitaba hablar con alguien sensato, apareció la imagen de tu hermana en mi ya abrumada mente. Al día siguiente milagrosamente apareció tu hermana como si bajara de una nube, eclipsando el sol, rodeada de ángeles vestidos con trajes de color azul oscuro… (realmente salía de clase y me la encontré bajando las escaleras), repito, todo se daba por sí solo, yo no estaba haciendo nada, como si fuese destinado a ser.

Le conté todo a tu hermana sin mencionarte, quise hacerle creer que todo se trataba de otra persona, pero es muy inteligente y lo dedujo desde el primer momento. Hablando con ella me di cuenta de cosas que estaban mal en mí(ajenas a la situación), sin embargo me ayudó a aclarar mis ideas, lo cual le agradezco. Lamentablemente es muy diplomática y no me ayudó a tomar una decisión.

Entonces ya tranquilo opté por no decirte nada y solo disfrutar de tu compañía, sonreír, mirarte, charlar, hacer como si entendiera, mirarte y volver a sonreír.

“Si algo tiene que pasar, eventualmente sucederá.” — Yo cada vez que algo no se me dá.

Pero claro, cómo no, siempre tiene que pasar algo. El viernes tuve un día pesado, estaba exhausto, solo quería acostarme, olvidarme del mundo y que el mundo se olvidara de mi, pero no fue así, todos quedaron en verse esa noche y cómo no, también tú. No pude ir, aparte de lo desanimado que estaba, mis papas habían planeado algo también esa noche, el día estaba condenado a alargarse. De todos modos, ése no es el punto, el inconveniente real fue un comentario que hiciste el cual no solo me dolió sino que me incomodó, varias veces lo habías hecho, no era algo que me agradara pero no le daba importancia; no pude evitar mostrar mi incomodidad, traté de remediarlo con algo de humor pero no me fue posible.

Ya quedaban solo quedaban dos días para acabar la semana y nada se había dado, estaba incómodo, había tensión entre los dos, ya quería rendirme. Me detuve a pensar, salí a caminar, analicé la situación, me tomé un té y decidí intentarlo una última vez.

Luego de hablar como 6 temas al tiempo, quedamos en un día ¡Genial!, no tan fácil… Yo pensé un día y tu otro… ¡Bah! Por alguna razón dije lunes cuando realmente quería decir sábado, ahora mi cabeza me hace una mala jugada, algo más que añadir entre tantos problemas.

Luego de tan solo dormir 1 hora, me arregle, hice mi rutina inusual de ejercicios matutinos, me bañé, me coloqué lo mejor que hay en ese rincón de mi cuarto llamado closet y salí. Miro el reloj, 8:55 a.m., la cita era a las 9:00 a.m., volé.

Mis nervios se habían triplicado, antes de entrar respiré hondo, me acomodé la camisa y me lancé a caminar. El cielo estaba cubierto, soplaba un viento frío, había pasado mucho tiempo desde la última vez que vi tanto verde junto, se escuchaban los pájaros cantar y las ardillas roer (Sí, parecía un escenario de Disney), al entrar noté que no te encontrabas, así que me senté en una banca mientras admiraba todo y después de un tiempo me coloqué a leer. Pasó la primera media hora, recordé que habías dicho que nunca habías ido, así que caminé hasta la entrada, puesto que hay un portón enorme el cual en ningún lado pone que se puede entrar sin problema, me senté en el andén, al rato un moto-taxista que al parecer esperaba a alguien me empezó a preguntar acerca del lugar. Pasó otra media hora, ya estaba cansado de ver al moto-taxista, me empecé a preocupar, quizá te había sucedido algo al salir o en el camino, estuve caminando buscando a alguien que vendiera recargas, no tuve éxito, finalmente volví a la Quinta y te seguí esperando.

Ya eran las 10:30. Según vi en alguna película o leí en algún artículo, el cerebro humano al estar la persona bajo estrés, advierte en qué lugar se encuentra aquello para aliviar esa tensión, entonces recordé que en el Buenavista había un local en donde, entre otras cosas, se hacen recargas; además de la recarga tuve que pagar extra por una deuda con Movistar (há…). En breve, al no tener tu número de celular, ya estaba buscándote por Facebook; al no resultar, le escribí a tu hermana por Whatsapp, volví a la Quinta, di una vuelta buscándote y me regrese al Buenavista revisé el celular y vi que tu hermana me había respondido:

— “Hola, no puedo hablar ahora, voy de salida.”

— “Genial, que te vaya bien…”(há…*2). Estuve pensando qué hacer, realmente estaba preocupado, aparte de todo entre ésto y lo otro pasó una media hora más.

No por placer, decidí hablarle a aquella razón por la cual me incomodé la noche anterior; le pedí tu número de celular para saber qué había sucedido, pero por sorpresa, éste me dice que no, que no es ético, que yo te había tratado mal en el pasado y no tenía derecho a buscarte, y para colmo me dice que recién habías terminado con tu novio, que me alejara. Me quedé helado por unos minutos, caminaba por inercia, no sabía como sentirme, el frío se había intensificado. Llegué a casa y me encontré con notificaciones tuyas, te comenté lo que había sucedido sin contarte toda la verdad. Me empecé a sentir mal, ya estaba desesperado, fueron demasiadas cosas, así que decidí dejar el teléfono y huir de todo.

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