La práctica antes de la práctica

Abrir lo ojos. Ideal, sin alarma. Inhalar. Un largo suspiro o un buen gemido para los avanzados. El primer asana del día: un giro sobre el costado derecho y una extensión balanceada hasta el teléfono para apagar la alarma. Mano derecha en el piso de soporte. Sigue la meditación para salir del cuarto, ojalá levitando para no despertar a mi esposa. Quitar pijama, poner ropa, sacar toallas, tirar toallas en el último escalón antes de entrar al baño, entrar al baño. Ojalá esté la botella de agua esperando, llena o, al menos, no vacía; a veces se olvida, a veces se la llevan, a veces se va. Es agua. Dientes, sonar nariz y con suerte otros temas. Recoger las toallas y bajar escaleras. El primer pliegue hacia adelante se hace para recoger el mat. Lo último que falta son las llaves y ojalá que no estén en el cuarto. Casi nunca están en el cuarto, pero pasa. Y una vez afuera, ya no hay vuelta atrás. El destino es uno.

Esta es la práctica antes de la práctica y, de cierta forma, es la verdadera práctica, es lo que nos permite llegar a la práctica y para seguir practicando. Es menos obsesivo de lo que suena.


Se publicó originalmente en http://diegobonifacino.com

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Diego Bonifacino’s story.