I

Hay formas de violencia que no involucran el deterioro del cuerpo ni su carne. La humillación permite agredir sin magullar. El rencor es tan intenso que si no niebla la cabeza, da paso a la elaboración de estrategias mucho más enconadas para lastimar profundamente al otro.

II

Cagar encima de alguien es catártico. Hay un vínculo entre la humillación, como forma de violencia, y la escatología como vehículo del odio. No puede existir una sociedad que no otorgue a los desechos del cuerpo una carga peyorativa, un sentido deleznable. No hay un dios de la caca porque la caca es humana y a diferencia de la inteligencia, que al surgir y alojarse en la cabeza la vuelve honorable, la mierda nace y abandona enseguida el ano, parte pudibunda y deshonrosa.

Lo desagradable para el ser humano reside en la incomodidad de la mierda: cagar nos hace vulnerables y poderosos a un tiempo. Deshacerse de lo producido por el cuerpo encierra un rasgo antisistema, pues la caca humana carece de utilidad. Cagar no tiene un fin más que el deshecho. La agresión viene cuando encontramos en lo in-útil una utilidad, una finalidad que no posee.

Herir con la mierda o incomodar hasta sacar de quicio a alguien con nuestros meados. Cagarle encima a quien no podemos lastimar más.