Ya es primavera en mi casa,

llega dos años tarde, no pasa nada.

Hoy me da la gana

ser el centro de mi universo,

llenar las paredes

de colores y letras,

tapar los agujeros negros

que llenaban mi espacio.

No necesito permiso para vivir,

ni para sentir,

ni para ver arder

mi corazón en un puño,

complementos circunstanciales

de lugar,

que giran y giran

y no pueden parar.

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