CINE INDISPENSABLE

por Diego E. Rodríguez

artwork by Steve Scott

La primera vez que vi The Revenant, salí del cine un poco confundido por lo que acababa de presenciar, pero con algo a flor de piel, como siempre cuando se trata de Alejando González Iñárritu. No fue sino hasta anoche, que regresé a la misma sala de cine, cuando alcancé a ver con mayor claridad la naturaleza de El Renacido. Iñárritu nos ofrece la historia de un cuerpo en proceso de putrefacción que regresa de la muerte para proteger a su hijo y continúa en movimiento alimentado por la venganza. Es la historia de un hombre sobre el que recae todo el peso de la naturaleza y nos recuerda, a una audiencia tan alejada de la misma, que el ser humano es también parte de ella. Una vez más, Iñárritu consigue revelar lo que hay dentro del hombre cuando está más solo que nunca luchando contra su adversidad.

The Revenant nos deja un sabor de boca conocido, ese sazón con el Iñárritu ha cocinado sus últimas tres películas, mismas en las que ha colaborado en el guión. Al ser escritas por él, tienen una forma y fondo diferentes, como si el crear sus propias historias le haya revelado una nueva manera de hacer cine, empujando las barreras del medio y desmembrando los clichés cinemáticos a los que somos expuestos en las películas más taquilleras hoy en día, explorando así territorios técnicos y del lenguaje que el séptimo arte rara vez pisa.


KIMBERLEY FRENCH/20TH CENTURY FOX

Como estudiante de cine, no puedo dejar de impresionarme por el arrojo, el empeño, la dificultad y, paradójicamente, la facilidad con la que Iñárritu logra contar sus historias. Vuelve a hacer equipo con el director de fotografía y compatriota, Emmanuel Lubezki, para entregarnos una pieza iluminada exclusivamente por luz natural y filmada en orden cronológico (ambos son métodos que casi nunca se usan en la industria). La cinematografía de Lubezki alcanza nuevamente a derrumbar los muros de lo que se creía posible cuando de usar una cámara se trata. La película tiene colores increíblemente reales y movimientos de cámara que nos mantienen al borde del asiento en la sala de cine. The Revenant le dio a Lubezki su tercer Óscar consecutivo a Mejor Cinematografía, convirtiéndolo en el único cinematógrafo de la historia en estar en esta categoría. Se encuentra en un nivel donde ya no tiene miedo de no lograr alguna toma, en The Revenant no vemos la historia desde el punto de vista que más le conviene a la cámara, sino desde donde la cámara de Lubezki quiere estar, sin importar donde sea. Y es un espectáculo ver los resultados.

Para conocer más de la cinematografía de Lubezki:

video by Variety

Margaret Sixel se llevó el Óscar a Mejor Edición por Mad Max, y aunque fue un reconocimiento bien merecido, no opaca la impecable edición de The Revenant. En tiempos donde las películas de acción están plagadas de cortes rápidos y una edición frenética, Iñárritu una vez más pone a prueba la concepción tradicional de la misma. El año pasado, el plano secuencia de Birdman impedía que los cortes en la edición pudieran darle ritmo a la película, y ¿qué hizo el director?, acudió a la fuente de ritmo por excelencia, la batería, musicalizando la película con los tambores de Antonio Sánchez, sin compañía alguna de otro instrumento. The Revenant también está llena de tomas increíblemente largas, que nos permiten observar en todo momento lo que Hugh Glass, el personaje principal, está viviendo y nos hace vivirlo con él, a veces, en tiempo real. Iñárritu no tiene nada que ocultar detrás de los cortes, nos muestra todo lo que sucede y lo logra de una manera magistral con cinematografía (en lugar de cortes, hace movimientos de cámara) y efectos excelentes. Ésta es otra de sus 12 nominaciones, Mejores Efectos Visuales, pues si algo se quedó en la mente de quienes vieron la película, es la escena donde un oso grizzli ataca a Glass, una escena en la que Iñárritu mantiene la edición al mínimo, haciéndonos sentir testigos impotentes.

En el siguiente video de The New York Times, podemos escuchar al director desmembrar su escena y justificando sus decisiones:

video by The New York Times

¿Porque ganó Alejando G Iñárritu por segundo año consecutivo el Óscar a Mejor Director? Si bien el guión de The Revenant no carga con una idea tan poderosa como la de Birdman (ganador al Óscar a Mejor Guión Original), la película está dirigida con la misma audacia, maestría y precisión. Es un filme épico, pero contado desde las vísceras, en el que Iñárritu cava dentro de su personaje hasta sus huesos y vivimos con él los sucesos con una intimidad cruda y fría. En esta película, el director vuelve a arriesgarse y logra hacer del uso de simbolismos como los pilares que sostienen su historia. Así, el lenguaje es más que estilo, se vuelve sustancia y lo vemos porque en el universo real de los tramperos de aquella América septentrional, Iñárritu construye un universo paralelo y surreal, el de Glass y su soledad. Este paralelismo lo hemos visto antes: en Biutiful, el uso sutil de elementos de terror cuentan un drama humano (los fantasmas que flotan en el techo del sótano revelan la culpa que carga Uxbal), los súper-poderes de Riggan en Birdman nos hablan del anhelo y la desesperación del personaje como artista. En cada uno de los tres casos hay una mezcla de géneros resultando en un lenguaje cinemático kafkiano que eleva las historias a una altura desde donde podemos observar mejor todos los temas que Iñárritu quiere explorar. Decisiones como éstas resueltas con la precisión con la que son ejecutadas por este director, nos permiten encontrar más material dentro de sus personajes. Lo valioso de éste lenguaje es que la forma está inherentemente ligada al fondo, forzándolos a no poder existir el uno sin el otro, justificando el estilo, volviéndose así un lenguaje indispensable.