Era algún año perdido, supongamos que 2013 o 2014. Estaba participando de una clínica que duró todo un fin de semana. Entre los cientos de fotos, videos, discos y poemas que pasaron por mis ojos esa vez, quedaron las imágenes borrosas de los primeros minutos de una película de 6 horas. Imágenes borrosas como recuerdos de tardes de verano. Era Jonas Mekas.

No volví a esas imágenes hasta que encontré su diario (“Ningún lugar adonde ir”) en la casa de mi hermana. …

Diego Llarrull

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