Diccionario de periodismo digital: “Ética”

Entre los hitos sorprendentes de 2016 (y hubo muchos) habrá que asentar la transformación de Playboy de revista con mujeres desnudas en revista con mujeres con ropa. Tras 62 años y haber pasado de vender 5,6 millones de ejemplares mensuales a 800 mil, la edición norteamericana optó por vestir un poco a sus conejitas.

Los motivos se dijeron en su momento. Los anunciantes prefieren chicas más cool y no emparentar sus marcas con la pornografía, por más light que sea. Y los lectores ya no necesitan pasar por un kiosco para acceder a desnudos femeninos: no hay nada tan segmentado en el Universo como el sexo online.

Publicidad y lectores, las dos patas que mantienen vivo un medio, forzaron a alterar la esencia de una revista de más de medio siglo, cabeza de un emporio con uno de los tres logos más reconocibles del planeta junto con Apple y Nike.

Playboy se hizo recatada no por principios éticos sino por pauta. En su sitio web se puede conseguir por 450 pesos argentinos mensuales(!) desnudos similares a los de otrora. Y las ediciones del resto del mundo siguen mostrando pezones. Pero lo concreto es que hoy es más puritana en sus fotos que hace 30 años.

Si en diarios y revistas los anunciantes y lectores juegan un rol moralizante, en tv y radio la legislación es la que impone sus límites: horario de protección al menor, no fumar al aire y algunas otras (pocas) constricciones.

¿Y en Internet?¿Qué encorseta a un medio a mantener una conducta ética? Nada:

– La legislación está ausente, es confusa y contradictoria y evoluciona siempre más lento que la tecnología. Aparte, el carácter global de internet dificulta su ejecución local.

– Los anunciantes están intermediados por cadenas como Adsense, de Google. Una agencia pauta un presupuesto X a repartir en una red de “sitios latinoamericanos de noticias” o “videos de música para cordobeses de entre 12 y 18 años”. En esa bolsa entra todo lo que coincida con el rango, importan solo los clicks en el aviso. El anunciante tal vez no sepa en qué medio pautó y el medio no sepa qué anunciantes pautaron allí.

– Y los lectores… nada más impune y salvaje que alguien con su smartphone en la intimidad del baño de su casa. Ahí no están mirando ni sus compañeros de viaje en el subte ni sus hijos frente al televisor.

El medio digital está liberado a su arbitrio, sin ataduras. Y encuentra en el receptor de su mensaje al socio ideal. Uno producirá y el otro deglutirá: videos gore, noticias falsas, fotos de la intimidad de famosos y anónimos, chats de whatsapp robados. Antes, para elegir ver los cadáveres del día, había que salir a la calle y pagar el diario “Crónica”, ahora se consiguen sin moverse de la cama. Y gratis. ¿Qué va a impedirme verlo? Y si lo que yo quiero es ver eso, ¿qué va a impedirle al medio mostrármelo? Porque si un medio blurea las fotos de la China Suárez desnuda, seguramente otro a un click de distancia va a mostrarlas sin censura.

Incluso los pocos consensos que quedaban, también se fueron derrumbando. Se solía mantener el anonimato de los menores pixelándoles los ojos, sobre todo en noticias con tratamiento negativo o cuando no se tenía la autorización de sus padres o cuando mostrar su rostro podría conllevarle algún perjuicio presente o futuro.

También los niños eran privilegiados si el tema era una enfermedad o un abuso. Nada perdura. Una muestra de eso se pudo ver con el cáncer del hijo de 3 años de Luisana Lopilato y Michael Bublé. Varios medios se apuraron a contar todo contra la voluntad de los padres. De hecho, la difusión apresurada forzó a la pareja a emitir el comunicado oficial. Todos los portales mostraron el rostro del nene, saqueando las cuentas de Instagram de la pareja. Y la noticia empezó a cubrirse con amarillismo (“El accidente doméstico de Noah, ¿podría haber detonado su mal?”) y frivolidad (“La mansión donde Lopilato y Bublé vivirán durante el tratamiento de Noah”).

“Códigos”, “principios”, “pìedad”, “pudor”, “verdad” se extinguen. Que cada uno elija su palabra favorita y la preserve. Se avecinan tiempos en los que las vamos a necesitar.

Publicado en Periodismo.com

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