Cómo dejé de preocuparme y empecé a amar Showmatch

Showmatch es el programa más importante de la televisión local. El más visto, el más discutido y el más influyente. Muchos lo acusan de ser demasiado conservador y demasiado vulgar. En esta nota, muestro que las críticas son infundadas,y doy algunos argumentos generales en defensa de Showmach.

1. Showmatch es una puerta a la sociedad

Es comprensible la necesidad de estar alejado de la basura cotidiana. La vida es muy corta y, naturalmente, uno no puede preocuparse por la nueva pelea entre Moria y Pampita. Ahora bien, ¿puede uno escapar completamente de la basura? Incluso en los medios de comunicación más serios, el 80% de las noticias son basura (inseguridad, peleas nimias entre políticos, videos de youtube, etc.). Uno podría sobrevivir perfectamente leyendo una o dos noticias por día. No hace falta estar tan informados.

La televisión es basura. Deal with it.

En pleno 2016, estamos informados para estar mejor conectados con los demás. Necesitamos hablar de algo, y la televisión (o los medios online) nos ofrece asuntos para discutir de forma constante. Una muestra de este fenómeno fue la marcha para reponer Los Simpsons en Telefé los domingos. La verdad es que cualquier persona en esa marcha puede comprarse un DVD con todos los capítulos viejos de los Simpson (en MercadoLibre venden algo así a 100 pesos), y ver Los Simpsons todos los domingos en la mejor calidad y sin comerciales. Pero la gente no es tonta. La razón para tener los Simpsons en la televisión de aire es poder charlar con amigos mientras uno ve el capítulo, comentarlo en redes sociales o simplemente en reuniones unos días después. Siempre es mucho más divertido ver algo que otros también vieron. Con Showmatch pasa lo mismo, pero potenciado: la mitad del país lo ve, y otros tantos se mantienen informados por programas satélite.

La marcha por el regreso de Los Simpson. La televisión debe ofrecernos algo de lo que hablar.

Mi propuesta es la siguiente: no escapes a Showmatch. Esto no significa que veas el programa entero. Nadie puede ver el programa entero como se podría ver una telenovela. No es atrapante y no está pensado para serlo. Showmatch no tiene argumento ni continuidad, y la forma correcta de verlo es por partes, o a partir de reportes de otros. Todo el programa apunta a ser viral: la misma producción elabora clips de cada uno de los bailes, incluyendo la opinión de los jueces, para youtube o programas satélite como Este es el Show. Uno siempre puede enterarse de lo que pasó, de algún u otro modo.

Este es el show: la reconstrucción de Showmatch

Negarse a Showmatch no es como negarse a ver un programa, sino más parecido a negarse a leer un medio (como Clarín o Página 12). La gente que alardea con no leer un diario es muy tonta: incluso si un diario fuera un medio difuso para conocer el mundo real, es un medio confiable para conocer a las demás personas. Y lo mismo sucede con Showmatch. Lo que pasa en la sociedad va a aparecer en Tinelli, y viceversa. Mejor conocerlo que ignorarlo.

Showmatch es por excelencia el tema para hablar entre la gente que no tiene nada “interesante” para hablar entre sí. Y de hecho, la discusión vulgar es una buena manera de comunicarse con conocidos. En general es más divertida una charla del tipo “¿viste lo que pasó con Moria el miércoles?” que las soporíferas conversaciones del tipo “¿qué es de tu vida?”.

2. Showmatch es progreso cultural

En la intelectualidad suele rechazarse Showmatch por diferentes razones. La principal es su conservadurismo. De acuerdo a un lugar común en la intelectualidad progre, Showmatch es un refugio de las ideologías discriminatorias (especialmente homofóbicas y machistas). Véase esta nota en Las12 como muestra.

Pero la realidad es completamente distinta. Al contrario de lo que plantea este lugar común, Showmatch es de hecho un agente de progreso más que de conservadurismo.

Respecto a la homofobia, es cierto que tradicionalmente el programa repite chistes homofóbicos milenarios (léase, acusar de putos a los otros). Sin embargo, desde el Bailando en adelante, es el programa más gay-friendly de todos. Showmatch nos cuenta, por ejemplo, la historia de amor explícita entre el jefe de bailarines (Ávila) y un bailarín paraguayo veinte años menor (Moliniers). El mismísimo jurado podría ser la institución más gay de la historia televisiva argentina. Se entiende que algunos jurados estaban en el closet y no son el gay ideal de suplemento Soy, pero a ninguno se lo ve luchando contra su condición. Lo mismo, claro está, se aplica a los bailarines.

Ávila y Moliniers, los tortolitos. O también, a única pareja abiertamente gay de la televisión abierta.

Una consideración parecida se aplica al supuesto machismo. Es cierto que el Bailando es un programa con elementos machistas, donde Tinelli llegó a cortar polleras a las mujeres que participaban del programa (en 2010 y 2011). Otras participantes son tratadas (siempre con su complicidad) como “bellas tontas”, y se las humilla públicamente por su ignorancia o su lentitud.

Sin embargo, el feminismo del programa es muchísimo más fuerte. Desde la inclusión de Moria en el jurado, parte importante de la gracia del programa consiste en verla hablar y hacer chistes (a ella, una mujer). No sólo eso: Moria, Solita, Pampita y Nacha Guevara son mujeres fuertes, con carácter y decisión. Quizás no sean los típicos modelos a seguir, pero son bastante más admirables que el promedio de las personas que aparecen en televisión.

3. Showmatch es bueno

A pesar de lo que suele decirse, Showmatch es uno de los mejores programas de la televisión argentina. Si es por mérito propio o demérito de los otros, eso es difícil de establecer.

La cultura argentina está marcada por el elitismo y la exaltación de lo barato. Un par de años atrás, por ejemplo, una película pobrísima e incomprensible como Jauja obtuvo el elogio de casi todos los críticos. Lo mismo podría decirse de algunos directores de culto (Murga, Alonso, Perrone, Martel, para tirar algunos nombres): podemos discutir si sus películas son buenas (quizás sean excelentes), pero lo indiscutible es que la crítica los ama, y el público general jamás las iría a ver. Ahora bien, el pobrismo y el elitismo no pueden llegar a la televisión. Cuando llegan, el resultado es el fracaso comercial y muchas veces la ruina artística.

Tinelli representa el inverso absoluto respecto al pobrismo y al elitismo. Invierte mucho en producción, y hace alarde de eso (cosa rara en el país). También sabe que se dirige al público general. Los críticos dicen que subestima al público, pero es más adecuado decir que lo respeta. No intenta educar ni sermonear.

El aquadance es épico, no jodamos

Showmatch es, además, un programa mirable. Imposible verlo entero (¿cuál sería la necesidad?), pero siempre se puede ver un rato. Cuando no es propiamente divertido, al menos tiene la clara intención de divertir, sin muchas vueltas.

Lo único que puede competir en producción a Showmatch son algunas telenovelas del prime time. Pero a diferencia de las novelas, Showmatch no tiene argumento ni hilo. Es un circo muy bien hecho. Uno prende la tele y ve sujetos disfrazados y personas lindas bailando coreografías. Si el baile es lindo, bien. Si es feo, Moria tirará su magia. La fórmula no puede fallar, y no exige nada al espectador.

La razón para oponerse a Showmatch es justamente el elitismo que antes mencioné. Es bastante claro que el Bailando no transmite ningún contenido interesante y no educa a la sociedad del modo que el canal Encuentro lo hace. Pero seamos honestos, nadie prende la tele para eso. Sobre la calidad artística podemos discutir: en una televisión plagada de malos actores y malos periodistas, los bailarines del Bailando son llamativamente buenos.

4. Showmatch es un producto irónico y posmoderno

Por último, Showmatch es el programa mejor adaptado a los tiempos que corren. Es el único que recogió el guante de Zap, aquel mítico show en que Polino hacía pelear enanas vedettes con enanas travestis. Tinelli creó a Ricardo Fort (quizás sea esta su mayor proeza), pero también alimenta y muestra a decenas de freaks, entre ellos Pachano, Polino, Moria, Xipolitakis y Alfano. Freaks porque viven vidas distintas a las de todo el mundo, porque su relación con su cuerpo es obsesiva y exagerada: “mi cara es sagrada y mi cuerpo barroco”, dice Moria. Para los freaks y para Showmatch rige siempre la misma regla: más es más.

Victoria y Sofía Xipolitakis

De este modo, Showmatch es el producto por excelencia para el consumo irónico. Todo está pensado para reírse de. Showmatch es el ejemplo máximo de un programa de humor donde, incluso si nadie intenta ser gracioso, todos lo son.

Podríamos hacer una salvedad con los humoristas, que representan el punto más bajo del programa. Salvo raras excepciones, no son graciosos y no aportan demasiado. El público ya decidió que prefiere reírse de Silvina Escudero con un cuello ortopédico peléandose con Moria por su abuela muerta. La verdad, eso es más gracioso que los chistes de Fabio Posca. Por suerte los humoristas llegan y se van, porque el rating no los acompaña demasiado a final de cuentas. El público prefiere ver a Nazarena llorando de nuevo.

El humorista Fabio Posca, lo más triste de Showmatch 2016

En otras palabras: el humorista siempre se burla de otros, y en ese sentido busca que el público se ría con él; mientras que el público busca reírse de alguien, y no hay nada más satisfactorio que reírse de un mediático haciendo un papelón. En la televisión argentina, sólo Showmatch capta la esencia del humor posmoderno: mostrar payasos que no intentan ser graciosos y dejar que la gente disfrute de los papelones. Dejar que el público genere sus propios chistes, sus propios memes. Que puedan burlarse de todo.

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En resumen, si no te gusta Showmatch, no lo veas. Pero no hay buenas razones para oponerse al programa. De hecho, como argumenté, hay varios motivos para verlo: es uno de los programas mejor producidos de la televisión local, te comunica con la sociedad más que ningún otro producto cultural, es la mejor representación del humor posmoderno en el país, y es (mal que le pese a sus detractores) motor del progreso social.