Mundo Conicet

En estas semanas, con el recorte al área de Ciencia y Técnica, las miradas se enfocaron en el sistema de investigación científica nacional, especialmente en el Conicet. El funcionamiento del Conicet es un misterio para gran parte de los ciudadanos, que permanecen ajenos al sistema; pero al mismo tiempo, los que pertenecen al sistema rara vez se esfuerzan en explicar de qué se trata.

La función del Conicet (la función que tiene, no necesariamente la que dice tener) es fomentar la calidad científica y académica argentina. En gran medida, la producción del Conicet es académica: consiste en papers sobre ciencia. Es decir, produce conocimiento. Este conocimiento es más o menos aplicable según el área: algunos científicos estudian los mecanismos de producción del cáncer, otros hacen neurociencia, otros física de partículas, otros estudian historia argentina, nanotecnología , matemática del azar o geometría algebraica . El Conicet abarca prácticamente toda disciplina científica o académica, y pretende tener un balance armónico entre distintas áreas (más adelante veremos en qué consiste ese balance).

Financiar al Conicet en la última década fue un modo ingenioso de fomentar el nivel académico de las universidades de manera indirecta. A diferencia de las universidades nacionales, que son bastante corruptas, el Conicet es un organismo transparente, quizás el más transparente del Estado. A diferencia de las universidades nacionales, donde el ingreso y el ascenso de profesionales responde no sólo al nivel académico sino también al amiguismo circunstancial, en el Conicet todo depende del nivel académico. Por otro lado, dada la autonomía universitaria, la libertad de un gobierno para reformar las universidades en Argentina es nula; en cambio, el ministerio de Ciencia y Técnica tiene un grado de autonomía mucho menor. Entonces, un gobierno con deseos de elevar el nivel académico argentino puede (como una estrategia razonable) concentrarse en el Conicet más que en las universidades.

Lo bueno de esto es que el sistema académico argentino es muchísimo más fuerte que hace diez años (cosa que no se hubiera logrado si el dinero hubiese estado enfocado a universidades). Hoy tenemos en todas las áreas investigadores publicando en las mejores revistas del mundo. Lo malo es que las universidades no se plantearon su estructura ni su rol, y permanecen prácticamente estancadas. Los académicos se conforman con trabajar en el Conicet y tener, como mucho, un puesto menor en la universidad. El sistema de concursos en universidades sigue siendo extremadamente turbio.

El Conicet se divide en cuatro partes pretendidamente iguales: (a) Biología y Salud; (b) Ciencias Exactas (matemática, física, química, etc.); (c ) Ingeniería y Agronomía; y (d) Humanidades y Ciencias Sociales. Por otro lado, hay tres tipos de “beneficios”: becas doctorales, becas posdoctorales y carrera de investigador científico (es decir, un puesto de investigación permanente).

Si bien el Conicet tiene cierta fama de becar humanistas, esto es sólo relativamente cierto: por regla general, las becas a Humanidades y Ciencias Sociales constituyen alrededor del 20%. Y vale aclarar que esta área incluye Economía, Derecho, Psicología, Filosofía, Lingüística, Literatura, Historia, Antropología y Arqueología (y otras más).

De hecho, los becarios e investigadores de Humanidades y Ciencias Sociales la tienen más difícil. Ganar una beca en esa área es muchísimo más complicado (1/4 de chances el año pasado) que en ciencias exactas o biológicas (donde ganan becas prácticamente todos los que aplican). Por otro lado, entrar a la carrera de investigador también es mucho más difícil: en 2015 (el año más generoso en ingresos de la historia) las chances de entrar eran (aproximadamente) 2/3 para ingenierías, biológicas o exactas; y 1/3 para humanidades y ciencias sociales. En 2016 serían alrededor de 1/3 y 1/6 respectivamente. [Addenda: ya están disponibles los resultados de 2016 y la proporción es básicamente esa. Puede verse el gráfico abajo]

Ingresos de investigadores en 2015, separados por área
Ingresos a carrera de investigador en 2016, separados por área.

Si bien esto podría cambiar en 2017, últimamente cada año se otorgan alrededor de 1500 becas doctorales (que duran 5 años), y 1200 becas posdoctorales (que duran dos años). Esta política es parecida a la de otros países de la región: becas de este tipo existen en Chile, Brasil, Colombia, Uruguay, y cualquier país de Europa. No son tantas, no son tan caras (alrededor de mil dólares mensuales, redondeando), y se van renovando año a año. Hay muchas cosas para discutir sobre las becas (por ejemplo, la ausencia de becas para estudiar en el exterior, comunes en Chile y Colombia), pero es un tema aparte que quedará para otra ocasión.

La frutilla del postre del académico argentino es ingresar a la Carrera de Investigador. Se trata de un cargo constantemente evaluado (hay que presentar informes anuales), pero aún así permanente. En este sistema, existen estímulos para producir (si uno produce más, puede ir ascendiendo), pero básicamente uno tiene el cargo garantizado de por vida. [Addenda: digo “básicamente” porque existe la chance (inusual) de quedar afuera del cargo, en caso de reprobar dos informes anuales consecutivos]. En los últimos años el ingreso a este cargo fue de entre 600 y 830 personas por año (repartidos en partes iguales según el área de investigación, y con un 25% asignado a áreas con baja densidad de investigadores).

Según los últimos anuncios, la cantidad bajará drásticamente hacia menos de 400 ingresantes en 2016. Si bien el ministro y el presidente del Conicet han culpado de esto al ingreso excesivo de 850 personas el año anterior, no debemos tomarnos esas declaraciones muy en serio. Si el problema fuera 2015, habrían declarado un recorte para este año, pero un regreso a un ritmo más moderado (600 personas, por ejemplo) para el próximo año. Sin embargo, declararon que 400 es un buen número, y daría la impresión de que piensan mantener el ingreso a ese ritmo. Entonces lo que haya pasado en 2015 es irrelevante (es sólo una decoración anti-K de una mala noticia).

Ingresos de investigadores por año (fuentes oficiales; gráfico de Pagina12). La línea roja indica los ingresantes proyectados por el ministro Barañao y el Conicet en el plan Argentina Innova 2020, lanzado en 2013.

Los métodos de asignación de recursos del Conicet son muy serios. La adjudicación de becas doctorales es por antecedentes (principalmente, el promedio de la carrera de grado). La adjudicación de becas posdoctorales es también por antecedentes, pero a ciencia cierta es automático (entran más del 80% de los que aplican). Mucho más complejo es el ingreso a la Carrera de Investigador: para entrar, es necesario tener cantidad y calidad de publicaciones académicas. A diferencia de los concursos en universidades (muchos de ellos basados en turbias “entrevistas” que supuestamente evalúan la calidad docente, pero donde finalmente pesa la amistad con los jueces), en el Conicet hay muy poco lugar a la arbitrariedad: se utilizan rankings universales de revistas (por ejemplo, el famoso ranking SJR) y criterios cuantificables. Toda evaluación puede apelarse y debe ser explicada con criterios claros. En casi todos los casos, los mejores académicos logran ingresar (aclaro: esto no implica que los que quedan afuera sean malos).

Si bien algunos investigadores se jubilan, el Conicet es una institución que cada año contrata cientos de trabajadores nuevos. Por eso, siempre necesita más presupuesto que el año anterior (por arriba de la inflación, claro). Se supone que la planta se eleva en un 5% cada año, con lo cual podría bastar con un 3 o 4% de aumento real. De aquí la discusión actual: si bien los aumentos alcanzaban a mantener la situación, no alcanzaban a contratar gente nueva al ritmo que se venía haciendo.

Era esperable un recorte moderado en los cargos de investigador, pero un recorte del 60% (como se está planteando este año) es gravísimo. Mucho más teniendo en cuenta que el mismo ministro había presentado planes donde el ritmo de ingreso continuaría siendo el mismo. Ni hace falta mencionar que Macri había prometido privilegiar el área y llevar el presupuesto a 1,5% el año pasado. Muchos becarios trabajaron con la mira en su continuidad laboral, y de un momento para otro se enfrentan con un recorte que limita a la mitad las chances de conseguir un puesto.

Es difícil exagerar la importancia de los cargos de investigación del Conicet. Con las universidades en el nivel de estancamiento en que se encuentran (y sin muchas chances de despertar, aunque el gobierno de turno tenga las mejores intenciones –no las tiene-), este cargo es el más importante estímulo de los jóvenes para investigar, escribir y publicar en las mejores revistas del mundo. El cargo podría bien ser reemplazado por otro, quizás más pegado a las universidades; pero nadie hasta ahora ha pensado un modo realista y razonable de hacerlo.

Algunos observaron que el investigador del Conicet no cumple contraprestaciones en universidades, y debería cumplirlas. La inquietud es razonable, pero tiene una respuesta: casi todos los investigadores de hecho son profesores en distintas universidades. Es cierto que el esquema Conicet no estimula el deseo de ascenso en las estructuras universitarias; pero el mayor des-estimulante son las estructuras mismas.

Ciertamente, el gasto de Argentina en Ciencia y Técnica no es alto. Está entre el 0,6% y el 0,7% del PBI, mucho más bajo que el gasto de Estados Unidos (2,73%), Brasil (1,2%), Alemania (2,8%), Japón (3,47%) o Francia (2,2%). No hay, entonces, una urgencia por recortar. Traté de argumentar que la estructura general del Conicet es virtuosa: se trata de un mecanismo serio, meritocrático y transparente de asignación de recursos. Si bien el mayor peligro sería la eliminación de los cargos de investigación (proyecto que, afortunadamente, todavía no está a la vista), que implicaría el fin del sistema académico local, un recorte del tamaño que se plantea para este año también pone en riesgo la estabilidad del sistema.

En resumen, el nivel de nuestro sistema universitario sólo sobrevive gracias al gasto en Conicet, donde (en términos generales) reina la transparencia y la meritocracia. Por cierto, también es necesario mejorar las universidades de forma estructural. Pero esto requiere de equipos técnicos brillantes y de un inmenso poder político; ambas cosas inimaginables en cualquier fuerza del país. Por ahora, con el Conicet estamos bien.