Por Fin Vi: The Rocky Horror Picture Show (1975)

Me encanta ser tonto. Me encanta saltarme películas y pasarlas por alto porque sí. Eso me da la tranquilidad de poder maravillarme en algún momento inesperado con alguna cinta que, en otro momento, pasé por alto porque “bleh, nah, no tengo ganas de verla”. Soy tonto y lo sé; pero trato de verle el lado positivo.

Anoche, por primera vez, vi The Rocky Horror Picture Show y estoy fascinado. Nunca pensé que me iba a gustar y tengo que ser honesto: puede que en mí haya funcionado el prejuicio y me contagió. Una comedia extravagante con personajes de dudosa sexualidad y que además cantan. Sí, el prejuicio me enfermó durante muchos años.

Pero me sané, anoche la vi, le puse play y la vi. Y la disfruté y me emocioné y no lo podía creer. Porque si hay una palabra que puede describir a The Rocky Horror Picture Show de manera precisa es esa: increíble. Desde los bailes a las canciones, desde Susan Sarandon (siendo increíblemente buena y preciosa) hasta Tim Curry (haciendo una actuación impresionante, llena de guiños y extremadamente rica).

The Rocky Horror Picture Show es una cinta que es tan original, que cuesta creer que sea real. Es un ejercicio tan bonito, que cuesta creer que es real. Es un despliegue tan asombro, que cuesta creer que es real. Es único.

Entiendo que puede no ser para todos los públicos, ya que la combinación de musical + personajes extravagantes puede asustar a los menos arriesgados, pero es un viaje que vale la pena hacer. Es una de esas atracciones que tienes que probar, a pesar de los comentarios. Es uno de esos misterios que hay que ver para creer.

De hecho, ayer, antes de empezar a verla, le dije a mi polola: “creo que no sé de qué se trata The Rocky Horror Picture Show”. Ella me contestó “mejor, déjate llevar”. Y creo que ese es el consejo. Creo que eso es lo más sensato que les puedo decir al respecto. Déjense llevar. Vívanlo. Dejen que la música haga lo suyo, que los personajes se presenten solos. No cuestionen tanto. Déjense llevar.

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