Fifty Shades of Grey (2015)


Fifty Shades of Grey es la adaptación de la novela que lleva el mismo nombre escrita por E.L. James. Narra la historia de una compleja relación entre una chica bastante común y un empresario millonario que está obsesionado con el sadomasoquismo y todo lo que eso conlleva. Pero, a ver, vamos por parte.

De primeras, siempre se pensó que esta adaptación podría llegar a ser un bodrio y, bueno, técnicamente lo es. La cinta es absurdamente lenta y tiene diálogos tan ridículos que llegan a dar risa. Lo bueno, creo, es que eso fue absolutamente intencional, ya que la directora quiso agregarle un grado de humor a la cinta, cosa que, se termina agradeciendo porque, a pesar de que las palabras que usan son clichés y poco creíbles, están dichas con buen timing, lo que hace que los comebacks sean bastante divertidos.

La relación entre Anastasia y Christian Grey es otro punto a favor. A pesar de que todos sabíamos Jamie Dornan y Dakota Johnson terminaron odiándose durante las grabaciones, la química se nota y uno logra enganchar con este juego o al menos logra enganchar durante la primera hora, donde todo es más tímido, contenido y, sorpresivamente, divertido.

Avanzados los 60 minutos, la cinta se torna violenta y, bueno, eso era lo que estaba esperando la fanaticada. Si bien no he leído los libros, tengo que decir que las escenas de sexo de la película son bastante fuertes, sobre todo para una película hollywoodense mainstream que se estrena en el cine. Este tipo de escenas uno las termina viendo en cintas de otro corte. Todo el tema de la famosa “habitación” de Christian es bastante complicado de ver.

¿Dónde cae estrepitosamente Fifty Shades of Grey? En, básicamente, todo. La cinta es lenta y repetitiva. El mensaje es el mismo durante todo el rato y uno termina odiando a los dos personajes, a uno por ser imbécilmente terco con sus fetiches y al otro por no tener poder de decisión. Es casi como ver a dos niños tratando de decidirse. Uno no quiere ceder, el otro no sabe lo que quiere. Un tira y afloja que se refleja, perfectamente, con las cuerdas que amarra Christian en las muñecas de Ana.

Si bien la cinta no es del todo horrible, porque confieso que me acerqué al cine con unas expectativas bastante bajas, debo decir que he visto cosas mucho peores, mucho más lentas y mucho peor actuadas. Dakota Johnson me sorprendió gratamente porque, si lo que quería era hacer el papel de una mina indecisa y tímida, me convenció totalmente y se nota que le puso mucho empeño. Se nota su dedicación y devoción hacia el rol, además que si de verdad hizo todas las escenas ella, tiene que haber terminado, mínimo, en un psicólogo o, al menos, de vacaciones.

El uso de la música es otro factor importante y, a pesar de que la cinta tiene excelentes canciones, están muy mal usados, muy metidas a la fuerza, muy predestinadas a estar en ciertos sectores de la cinta, donde se supone que de deberían calzar bien. A ratos, termina agotando el recurso y uno puede prever, en todo segundo, qué canción o qué tipo de canciones van a poner. Además, es super raro, pero en la primera hora, “la hora soft”, ponen solo música incidental de película de terror, como si Christian quisiera asesinar a Ana a cada segundo. ¿Mensaje subliminal?

Definitivamente, Fifty Shades of Grey no es una cinta para ir a ver al cine, no vale la pena, pero tienen que verla. Es más o menos lo que pasó con The Interview: cintas de las que todos hablan y que hay que ver, pero que, lamentablemente, terminan siendo un espectáculo regular. O bajo regular.

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