The Witch (2015)

Tengo miedo por la gente que llegue al cine buscando algo para ver, se encuentre con The Witch, crea que es una película de terror convencional, entre y termine aterrada de por vida.

The Witch no es una cinta convencional, no es un paseo por el parque. Es un experimento concreto y directo acerca de brujería y cómo una familia puede destruirse a causa de la magia negra y la religión.

Cada imagen es una obra de arte. En su conjunto, la cinta es poéticamente perturbadora. Extrañamente atrayente y, sobre todo, espeluznantemente inquietante. En su belleza radica su gran mérito. Y oculto en esa belleza se encuentra el mal. El mal real.

Si bien el filme es presentado como una película de terror, es mucho más que eso. Es una pieza artística casi única, que en cada momento te tiene pensando que no deberías estar presenciando lo que está pasando en la pantalla. Todo es retorcido y poco amigable. Incómoda, molesto y no apto para espectadores. Deberían hacer una nueva categoría “no apta para todo espectador”. Para nadie.

Y si bien es raro que uno recomiende una película así, tengo que decir que necesito verla de nuevo, pero no pronto. Voy a esperar a que llegue al cine. Necesito ver esas imágenes en pantalla grande, necesito que la poesía visual de una cinta como The Witch entre a mis ojos de forma correcta. Pero no ahora. No pronto.

Cuidado, eso sí. Cuidado con dejarse llevar. Cuidado con no estar preparado. The Witch es una película que, en cualquier caso, te va a tocar profundo. Ya sea familiarmente, espiritualmente o aterradoramente. Te va a tocar y la decisión es tuya, si vivir deliciosamente o dejarla pasar. Dejarla ir.

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