Vi un capítulo de Vértigo completo y sobreviví

Nunca le he hecho asco a Vértigo. Está bien, no lo veo y nunca había visto un capítulo completo. Vértigo es más de ese estilo de programas que uno deja en la tele mientras hace la cama, se arma algo para picar o hace hora hasta que alguna película buena empiece en el cable. Ayer, por razones de amistad, vi un capítulo completo de Vértigo. Y sobreviví.

El formato del programa es conocido. Varios famosos “se enfrentan” en un duelo de preguntas, donde los conductores, Diana Bolocco y Martín Cárcamo, guían el viaje para que los invitados vayan contando varios aspectos de sus vidas personales, de su pasado, de sus amores y de sus carreras. Suena coherente.

Pero Vértigo tiene también el efecto morbo tan bien instalado, que hace que en cada momento, los participantes sientan que tienen que actuar frente a la cámara para poder demostrar sus puntos. Y sí, estoy hablando de Jhendelyn Nuñez. Ayer, mientras le preguntaban por su vida privada, hablaba acerca de cómo no quiere exponer a su pololo, que está respetando su privacidad y de cómo… algo y se puso a llorar. De la nada. No sé si me distraje y no entendí o si de verdad fue a pito de nada. Pero un segundo estaba bien y al siguiente estaba llorando. Y nunca entendí bien por qué. ¿Show? Creo que sí. Y bien elaborado.

Queraltó, por su parte, también trabajó sus dotes actorales. Queraltó sabe cómo funciona la tele y cómo funciona el show business. Queraltó sabe cómo reaccionar y sabe que, cuando le preguntan algo, tiene que fingir sorpresa, primero mirando al que le hace la pregunta y luego mirando a la cámara. Porque está actuando. Porque sabe cómo funciona. Y aunque uno crea que está siendo patético, está bien, porque no está actuando para mí. Está actuando para el público que lo sigue. Sabe moverse.

De los demás participantes no tengo mucho que decir. Denise Rosenthal (razón por la que vi el programa. Apoyo amiguístico. Buena onda). Estuvo tranqui. Y no lo digo porque me caiga bien, lo digo porque es real. No se dio vueltas innecesarias, cantó en vivo y no lloró. Si lloraste menos que Jhendelyn en un programa de tele, ya lo hiciste lo suficientemente bien como para recibir un reconocimiento.

Álvaro Morales, en un minuto, se fue en volá y en una pregunta que le hicieron, empezó a hablar del mundo del teatro, de cómo él siempre ha seguido esos cánones y de cómo esto afecta su vida y de la libertad espiritual y de cómo todo el mundo tiene sentido. Después, haciéndose cargo del momento más chistoso del capítulo, preguntó “¿cuál era la pregunta”? Sí, se dio cuenta que se estaba yendo en volá. Mejor humorista o mejor humorista.

Y sí, fue lo más chistoso, porque Yerko Puchento es cada vez más nada. En cada capítulo, trata de hacer reír y se entrampa en sus propios chistes, repitiendo los mismos que ha hecho 32 veces (la corneta de Fabrizio, que Martín es curao, que la Diana es flaca, que Dávalos es flojo y así) y en un momento dejaron de dar risa. Trata de ser contextual y contingente, pero se enreda en su propio discurso y uno termina no entendiendo si, realmente, se está riendo, lo está haciendo en serio o simplemente es una formal actual de bufón, donde su único misión es explicarle al pueblo cómo funciona la política que, digámoslo, se lo está cagando.

Vértigo es un pésimo programa. Un show paupérrimo donde la mayoría de los invitados van a actuar y a mostrar lo peor de la televisión chilena. Las peores mañas, las peores actuaciones y las peores performance de sus carreras. Vértigo es un programa pésimo animado por dos animadores igual de malos, que ni siquiera pueden hilar preguntas decentes y se limitan a hacer onomatopeyas molestas cada vez que un invitado los “sorprende” con alguna respuesta, que está más pauteada que el llanto de Jhendelyn.

Me gusta que vaya gente como Álvaro Morales, me gusta que vaya gente que tiene algo que contar. Pero me gustaría que le hubieran preguntado por su futuro, por sus proyecciones. Me gusta que haya ido Denise, pero me cargó que le preguntaran qué se siente ser un sex symbol o por su “paso de niña a mujer”. La loca es cantante. Está tratando de internacionalizar su carrera. Loco, haz la pega. Investiga en qué están los invitados interesantes que tenís en el estudio.

Finalmente, tengo que decir que, a pesar de todo, y a pesar de las pésimas impresiones, sobreviví. Pero Vértigo es un mal ejemplo de cómo se hace la tele en Chile, de cómo funciona y de cómo hay ciertos personajes que funcionan como eso, como personajes, no como personas. Y es patético. Da hasta un poco de miedo.

Y eso que no me puse hablar de lo largo que es. Porque sí, sentí que estuve dos años viéndolo. Además, ¿cómo gana Jhendelyn después de ese llanto? Perdón. Me pegué con eso. Soy repetitivo. Lo sé.

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