Podemos estar indignados, cabreados, enojados…. Al final todo sigue su curso

Una desGrecia

Si la economía era esto, mejor lo dejamos

De todo lo que está pasando con la crisis griega, lo que más me llama la atención es cómo el sistema maneja situaciones que aparentemente le son contrarias. Ya lo lleva haciendo desde la consolidación de la revolución industrial, ya sea lidiando con los conflictos ecológicos, con los movimientos sociales, con las iniciativas antisistema, con las crisis periódicas y en general con cualquier elemento que pueda ser contrario a sus intereses e intenciones. O cuando menos, contrario a la inercia de un sistema que se parece a una bola de nieve que ha ido adquiriendo masa y velocidad y que a estas alturas parece complicado parar.

Ahora tenemos la prueba fehaciente de que los economistas y políticos se creen mucho más listos que el pueblo. Y esto no es populismo, es elitismo. Y es infinitamente peor.
La economía devorando a sus hijos…

La Economía ha adquirido una dimensión tumoral en el devenir del mundo. Se ha convertido en prácticamente el único argumento para tomar decisiones en un ejercicio de simplificación propio de ignorantes. De las ecuaciones que modelan la economía se han excluido todas las referencias a las Ciencias de la Tierra. Se ha ignorado el sentido común, y se ha sustituido por el sinsentido más absoluto. Pero es lo único que conocemos. Es el sistema con el que hemos nacido, y nos parece totalmente “normal” que el sábado por la tarde la actividad más apetecible sea coger el coche e ir al centro comercial a comprar y pasar la tartde.

Nos parece normal negar una limosna a un mendigo mientras aplaudimos el argumento del sistema que nos pasa su gorra particular a base de invitarnos a comprar para que la economía siga su curso, porque si no hay consumo, el sistema se colapsa.

Nos parece normal ver toneladas de basura apilada en las calles sin importarnos de dónde procede o a dónde va.

La basura acumulada en las calles nos parece algo normal y poco dado a ser cuestionado.

Nos parece normal ver programas de cocina donde se cultiva la cultura del exceso mientras en un lugar del mundo, en ese momento, se está pasando hambre. Nos parece genial incluso, que en Las Vegas se pueda llenar una bañera con cientos de litros de agua mientras los acuíferos y los ríos se secan a un ritmo mucho mayor del que se regeneran, con riesgos de una sequía irreversible en pocos años.

Nos parece normal lo de Grecia


Hasta nos parece normal la situación de Grecia. “Son unos vagos”. “Se lo tienen merecido”. “No han sabido aprovechar la oportunidad del euro”…

Pues no. No es normal. Es un atentado contra el sentido común. Aplicar tópicos para juzgar sin conocer parece ser la tónica habitual en sociedades como la nuestra, endogámicas y acomodadas. Pero es un sinsentido que muestra lo poco avanzados que estamos como especie y como individuos. Y que muestra también cuán influenciables somos. Nos creemos a pies juntillas todo lo que sale de medios como la televisión o la prensa. Incluso leemos los periódicos afines a nuestra ideología para implantarnos opiniones postizas y así evitarnos el trabajo de construir las nuestras. Pero no es tan sencillo: millones de personas, una sociedad, un país, no son vagas o dejadas o inútiles. Tienen una cultura, una identidad y unas normas que han permitido que Grecia exista desde mucho antes que otras culturas.

Si lo de Grecia era tan evidente, ¿por qué no se expuso este particular en el proceso de anexión?. Las dinámicas sociales no son tan rápidas, así que si hace pocos años todo iba bien, ¿cómo es posible que ahora vaya tan mal? Si la razón es la economía, ¿cómo podemos dejar en manos de una disciplina tan frágil el devenir de la sociedad? Si la economía es incapaz de predecir con tan pocos años vista lo que va a suceder a un nivel tan demoledor como el que se ha alcanzado en Grecia, ¿por qué no se revisan las bases de la economía y se construye una que tenga “un pelín” más de resiliencia?. Si se aspira a una economía globalizada, ¿todo el planeta sería capaz de mantener un ritmo de vida tan acelerado como el de Occidente? En caso de que no se pueda, ¿es lícito mantener un sistema que de partida es desigualitario por naturaleza? En caso de que pueda, ¿cuántos años podría mantenerse este ritmo antes de que el planeta se colapsara?

No vemos más allá de donde quieren que veamos. Es más importante lo que no nos cuentan que lo que nos dicen…

Espero que algún economista responda a estas preguntas sin evadir el bulto. Pero por favor, sin argumentos del estilo “desde que el mundo es mundo”, porque el planteamiento hace aguas por todas partes.

Si la economía es incapaz de predecir con tan pocos años vista lo que va a suceder a un nivel tan demoledor como el que se ha alcanzado en Grecia, ¿por qué no se revisan las bases de la economía y se construye una que tenga “un pelín” más de resiliencia?

Ahora dicen incluso que Grecia tendrá que vender parte de su patrimonio cultural e incluso islas para satisfacer la deuda contraída. ¿Alguien que no sea Picketty puede explicarme qué es eso de la deuda y por qué cuando hablan de cifras no ponen los decimales? La deuda es un invento. Es una ficción. Es una convención. Cifras calculadas de un modo similar a calcular a ojo una magnitud: que sea suficientemente grande para acojonar, y que no sea tan pequeña como para que no impresione. La economía son variables de variables. No hay ni una sola constante. Y estamos haciendo que el destino de millones de personas dependa de semejante disparate. Controlado, además, por personas de la calidad de nuestro querido De Guindos, que a pesar de haber estado haciendo la pelota al Eurogrupo, se ha quedado descompuesto y sin cargo. O de la calidad de Rato. Un sistema que se permite el lujo de dejar en manos de cuasi analfabetos y emocionalmente patológicos personajes que acaban en los tribunales. Y eso nos parece normal también.

La economía son variables de variables. No hay ni una sola constante. Y estamos haciendo que el destino de millones de personas dependa de semejante disparate.

Y lo de Grecia nos parece normal. Un país desguazado en cuestión de cinco años. Como España, que también nos parece normal. Me pregunto si hay cifras sobre el total de dinero dedicado a salarios en España. No solo en media, sino también con estadísticas sobre desviaciones típicas, medianas, etcétera. O insistir en el tema del número de horas trabajadas. Imagino que el resultados será tal que así: se dedica menos dinero a salarios que hace años. Y el número de horas trabajadas es esencialmente el mismo, pero distribuido entre más personas.

Estamos encadenados por las cadenas de nuestra ignorancia….

No voy a entrar en cuestiones como la necesidad imperiosa de sacar de los mercados la energía y las materias primas. O la de impedir que sea la empresa privada la única con potestad para gestionar el trabajo de las personas. La figura de los Estados está supeditada a las élites de poder desde hace mucho. Supeditada a los intereses privados, como sucede de un modo flagrante con el bloqueo de las renovables en España. O la continuidad de industrias como la del automóvil, que siguen explotando la tecnología de los motores de combustión ante un panorama eléctrico que supondría cambiar radicalmente la demografía de uso del automóvil.

Lo de Grecia no es normal. Y por supuesto, ha quedado claro quién manda aquí. El pueblo soberano no. Se intuía, pero ahora tenemos la prueba fehaciente de que los economistas y políticos se creen mucho más listos que el pueblo. Y esto no es populismo, es elitismo. Y es infinitamente peor.