Avenida España

Mi Próximo Fracaso

En el año 2012, el gobierno nacional anunció la creación de un Polo Audiovisual en la para muchos desconocida Isla Demarchi. Dos años después, cuando todavía no se había realizado ninguna obra en el sitio del proyecto, se anunciaba la frutilla del postre: una gran torre de oficinas que ostentaría el dudoso honor de ser la más alta de Latinoamérica.
Si bien la primera noticia había pasado algo desapercibida para buena parte de la comunidad de arquitectos, muchos se interesaron después del segundo anuncio, cuando el proyecto ponía en el centro de la escena una pieza arquitectónica con veleidades de hito.
¿Qué era la Isla Demarchi? ¿Dónde quedaba exactamente? Esta pregunta empujó a varios curiosos a animarse a ir más allá de la feliz Gáttaca de Puerto Madero; hacia ese territorio desconocido dónde alguna vez habían cremado cadáveres apestados de fiebre amarilla y donde también habían encerrado anarquistas revoltosos para tenerlos lo más lejos posible de la gente. ¿Qué encontraron?Como el Ulises de Dante, fueron demasiado lejos y fueron castigados: el sueño del Montecarlo flotante en el Casino, la urticaria imparable de la Rodrigo Bueno, el fantasma de la Pocket Brasilia que soñaba Alberto J. Armando para la Ciudad Deportiva de Boca Juniors, y, finalmente, el sitio de proyecto de nuestro Hollywood vernáculo y empetrolado: el Polo Audiovisual de la Isla Demarchi.

¿Cómo se formó este cementerio de elefantes? ¿Serán energías negativas, una baja en los chakras, una mufa tanguera? ¿O es que existe un postulado exactamente opuesto a aquélla máxima de Carlos Bianchi, en la que una victoria llama a otra victoria? Aquí parece que cada fracaso atrajo al anterior. Se dice que los errores suelen constituir posibilidades de aprendizaje, pero hasta ahora, los alrededores de la Avenida España no parecen haber impartido ninguna lección: el problema del juego en Buenos Aires, la emergencia habitacional, las improbables martingalas en la financiación de grandes proyectos, entre otros, se repiten aquí como en tantas otras partes de la ciudad.
La formación de esta costra de corazones rotos es el resultado de un mecanismo de movimiento perpetuo: la ciudad parece estar atrapada en un rulo temporal del desarrollo urbano en el que se ensaya y se fracasa una y otra vez la misma ficción en un eterno crossfit de pifies.

En el Día de la Marmota, clásico de comedia de los primeros 90’s, el cínico meteorólogo Phil Connors (interpretado por Bill Murray) solo es capaz de escapar de la paradoja temporal en la que está atrapado cuando empieza a comportarse de modo altruista y positivo, volviéndose un amigo de la comunidad y un candidato atractivo para su compañera de trabajo.
Moralina & Moralejas aparte, queda claro que para hacer las cosas bien, no hace falta más que tener ganas.

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