Libertad

Oíd Mortales

En El Río sin Orillas, de JJ Saer, la cuestión de la toponimia en nuestra cuenca del Plata se trata con una genial capacidad de observación y lucidez: el autor explica que en América y en Argentina, en general, los nombres de los sitios geográficos, ríos, montañas, están relacionados principalmente con lo simbólico y/o sensorial (como es en el caso de los ríos Dulce, Saladillo, Negro, Colorado) pero también a la evocación de personajes relacionados a esos lugares (Magallanes, Darwin, Falkner) y a estados morales y emocionales (Bahía de los Desvelos, Punta Engaño, etc.).
Lamentablemente, sus digresiones no llegan al detalle de los nombres de las calles, que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires constituyen todo un tema en sí mismo. ¿Qué misterios esconde el Combate de los Pozos? ¿O Guardia Vieja? ¿Y qué o a quién homenajea Desaguadero? Es un asunto sobre el cuál se podría discutir largamente, ya que son muchas las calles con nombres curiosos y particulares. Pero de todas las calles de bautismos potentes, mi favorita siempre fue Libertad.

El libro Las Calles de Buenos Aires: sus nombres desde la fundación a nuestros días, editado por el instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires dice lo siguiente sobre Libertad:

“Homenaje a la libertad del hombre y en modo particular a nuestra libertad política”

Personalmente, me parece un poco escaso; con eso solo me muero de hambre. ¿De qué libertad estamos hablando? ¿A qué se debe un nombre de semejante contundencia? Hay muchas ¨libertades¨ posibles a interpretar.
¿Es la libertad de comprar y vender objetos robados a la luz del día? De una Ciudad a una Cuchara, como decía Ernesto Rogers, todo eso se puede conseguir en esos localcitos medio cyberpunk que al mirarlos desde la vereda parecen continuar hasta el centro de la manzana misma. Oro, plata, estéreos, equipos de audio, cámaras, relojes (abrochados a una mano todavía o no, como uno quiera).
¿O es la Libertad en un sentido más cercano a la deriva, al libertinaje y a cierta decadencia romántica que, como alguna vez noté en Lavalle, va afectando a la calle en su recorrido hacia el centro histórico de la ciudad? Quizás sea la libertad de un joven de clase alta que cambia de compañías: avanza hacia el centro y se olvida de sus orígenes. Luego se convierte en Salta (¿Se hace travesti? ¿Estamos hablando de eso?) para finalmente concluir su derrotero bohemio en nada más y nada menos que en el Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda. Del Patio Bullrich al Manicomio en una horita caminando, esas son las cosas fantásticas de nuestra ciudad

La verdad es que es probable que no aclaremos nunca el misterio de Libertad. Son demasiadas las variables, demasiados los misterios. Pero qué gusto que da ir caminando por la calle, que nos pregunten dónde queda tal o cual lugar y poder decir algo así tipo agarrá por libertad y dale derecho, siempre por libertad, hasta el final.

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