Siempre quise escribir, pocas veces lo intenté
Es un patrón que continuamente se repite. Quizás, yo sea la persona más inconstante que existe sobre la faz de la tierra; aunque si trato de no ser tan dura conmigo misma, probablemente sea la menos constante. Como cuando de pequeña quería jugar fútbol, tomar clases de francés y teatro o leer sagas juveniles para pertenecer, ninguna de las anteriores sucedió.
Gracias a Ana, una amiga que siempre me ha inspirado mucho, conocí Medium. Ella, es ese tipo de persona, que no teme mostrarse vulnerable a través de sus palabras. A mí, francamente, me cuesta serlo y cuántas veces pequé por idiota. No me daba cuenta y sin saberlo, me estaba convirtiendo en el monstruo de la insensibilidad.
La ecuación era sencilla: vulnerabilidad = debilidad. Un mecanismo de defensa que me mantenía con ventaja en trincheras imaginarias. Ese mindset me impedía tener tacto y empatía, capacidades con las que todo ser humano debería contar, tan necesarias y obligatorias como una cédula de identidad. Todavía queda algún vestigio de aquella persona, el ogro aún existe, pero ha reducido su tamaño a travel size.
Día tras día, trato de –y aquí viene uno de los clichés más ridículos de todos los tiempos– “ser la mejor versión de mi misma”, por lo menos en horario laboral. También tengo mis ratos de introspección con resultados de terror, positivos para el optimista pero ese no es mi caso. Ser pesimista es un placer culposo.
Aquí intentaré acabar con el patrón de la volubilidad y deconstruir un poco lo que soy o lograr eso que, los mal intensos de internet, llaman “desarrollo del personaje”. Ya será para otro día, a pocos metros de mi edificio están los Food Trucks, suena El Tiburón de Proyecto Uno y a mí me provoca un par de cervezas.
