I want my MTV

Hace un tiempo, un amigo me contó que su hija de cinco años había encontrado unos CDs en un cajón y le preguntó qué eran. Mi amigo le explicó que eran discos, que antes de que ella naciera la música venía en estos artefactos y había que comprarlos para escuchar las canciones que uno quería. La niña lo miró extrañada, se dio media vuelta y fue a seguir poniendo videos en Youtube.

Para esa niña, como para la mayoría de los nacidos a partir de mediados de los 90, la música existe como existe el agua potable o la luz eléctrica. Uno va, abre el caño, enciende un interruptor, y la música que quiere brota de pronto por los parlantes de la computadora o los audífonos del iPhone. La música y los vídeos musicales se han convertido en parte de nuestro paisaje cultural, se encuentran tan a la mano -a un click de distancia- que casi hemos olvidado las complicaciones que suponía escuchar música hace solo unas cuantas décadas y, sobre todo, hemos olvidado cómo fue lo que ocurrió. A la hora de listar los sospechosos comunes suele mencionarse a Napster, a Steve Jobs, iTunes, el iPod y Youtube, pero casi siempre olvidamos que antes de todos ellos estuvo MTV.

Para todos los nacidos luego de que Kurt Cobain se pegara un balazo en la cabeza, MTV es el canal de Jersey Shore. Pero antes de eso, durante poco más de diez años, MTV fue una idea genial que creó un género que no existía –el video musical-, convirtió a los músicos en estrellas globales, y cambió el negocio de la música y la cultura pop para siempre. En palabras Rob Tennenaum, autor junto a Craig Marks de I Want My MTV: The Uncensored Story of the Music Video Revolution: “MTV se convirtió en el sol alrededor del cual orbitaba la cultura popular. La estética de su Época Dorada, entre 1981 y 1992 –celebración de la juventud, la belleza, lo efímero y lo chocante-, influyó no solo en la música sino en la televisión, la radio, publicidad, el cine, el arte, la moda, los asuntos raciales, la sexualidad juvenil e incluso la política”.

Puede parecer excesivo, pero basta hacer una comparación entre los artistas que MTV endiosó durante esos años y los que siguen gobernando el parnaso de la cultura pop. ¿Existen acaso musicos más adorados, influyentes y relevantes que Madonna, Bruce Springsteen, U2, Police, Guns N’ Roses? ”Todos ellos fueron sinónimos de la época dorada de MTV y siguen llenando estadios monstruosos 20 o 30 años después”, escribe Tennenbaum. Lo mismo ocurría con Michael Jackson, Prince y Kurt Cobain –tres estrellas impensables antes de MTV- hasta su muerte. Los que vinieron después -Lady Gaga o Beyoncé, por poner dos ejemplos- serían inconcebibles sin el legado de esos pioneros.

Quizá todos los treintones, cuarentones y cincuentones que crecimos con MTV nos sintamos avergonzados de su presente, pero seguro que cada vez que vemos el famoso logo de M, reconocemos –con orgullo nostálgico- que fuimos testigo de un alocado y maravilloso Renacimiento pop.

*Publicado en la edición de mayo 2016 de revista H (Lima, Perú)

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