La justa medida

Debería Rajoy preocuparse por el unánime y animoso respaldo que sus súbditos le han dado hoy en el Congreso.

Y debería hacerlo precisamente por eso, por la magnitud del apoyo. Ovación cerrada y elocuentes gestos de aprobación. Tanta efusividad por nada. Porque, sinceramente, el discurso del Presidente no da para tanto. Mucha acusación de radicalismo sobre Pedro Sánchez y de maltratar la democracia. Incluso le ha acusado de «saltarse la voluntad democrática de los españoles». Muy parecido a la pataleta de un niño al que le han quitado un juguete. Le han arrebatado con artimañas, a su entender, sus alcaldías y sus autonomías. Y para un niño es más fácil echarle la culpa a otro que responsabilizarte de tus actos. Pues eso ha hecho Rajoy en ese discurso.

Ha sido entonces cuando su bancada, entendiendo que había que darle sentido al vacío, se ha lanzado al aplauso. Exagerado y teatralizado.

Y Rajoy se ha sentado tan contento en su sillón cuando debería estar preocupado de que incluso los suyos hayan detectado sus problemas de discurso.

He escrito.

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