Capítulo 28: Mis fetiches

Habla de tus fetiches

La semana pasada un amigo colombiano (¡Hola Memo!), me preguntaba si yo tenía algún tipo de fetiche, a lo que respondí abiertamente que si. Su reacción fue sonrojarse, tal vez no esperaba esa respuesta porque al parecer es un tema tabú, y posteriormente me preguntó muy amablemente cuál era mi fetiche — Tengo muchos respondí.

Y comencé a contarle, no sin antes aclarar el verdadero significado de “Fetichismo”. Resulta que la mayoría de las personas asociamos un fetiche con temas sexuales, y sí, existen los fetiches sexuales, pero el origen de la palabra va más allá, tiene hasta una ondita mágica y especial.

Según Wikipedia:

Fetichismo es la devoción hacia objetos materiales, es una forma de creencia en la cual se considera que ciertos objetos poseen poderes mágicos y que protegen al portador.

O sea una especie de amuleto, así que si, si tengo muchos fetiches que les puedo compartir; los sexuales… los dejo para alguien especial (guiño, guiño).


Yen

En una ocasión que mi papá viajó a Japón, a su regreso me dio una moneda de 5 yenes con un orificio justo en medio y me explicó que para los japoneses esta moneda no solo era un tipo de cambio, también es un amuleto cuando te es dado por alguien más. La moneda tiene las insignias 五円, que en español significa “buena suerte” y si una persona te regala una moneda como estas significa que te está deseando un bien, lo cual es muy preciado por la cultura japonesa. Desde entonces le he tomado un valor hasta sentimental y la llevo conmigo a todos lados en un llavero que tiene una bolsita donde solo guardo ese preciado objeto.

Boletos

La gente que me conoce sabe que amo ir a conciertos, y es que la energía de ver a “esa banda” en vivo, la sensación cuando suenan los primeros acordes musicales, la piel que se enchina con esa rola, la energía de la música y la gente, me apasiona mucho, es una de las cosas que más placer me produce en la vida. Y uno de los fetiches que tengo desde mi primer concierto en vivo (Coldplay en el Auditorio Nacional), es guardar cada uno de los boletos de los conciertos a los que he asistido, son mi amuleto, una especie de objeto preciado, son el álbum de fotografías más grande que tengo, el recuerdo físico de los gritos, brincos, sudor por ver a una banda en vivo.

Anillo

Tengo un anillo que casi no uso, y es probablemente el objeto que más cuido, ese anillo era de la mamá de mi mamá, a quien no pude conocer, pero desde niña sabía el significado y el valor que tenía esa pieza para mi mamá. Me lo regaló hace unos 10 años, después de que en una ocasión se metieron a robar a nuestra casa, se llevaron todas sus joyas pero por alguna razón dejaron solo el anillo de la abuela y desde entonces lo conservo, porque de alguna forma su destino, hasta este preciso momento, era permanecer en la familia.

Objetos que me han regalado

En mi cuarto tengo una repisa con detalles y objetos que me han regalado o que me he auto-regalado, cada cosita que coloco ahí para mi tiene un valor significativo, porque me recuerda algo que viví, un momento o una persona en especial. Es una especie de altar con cosas preciadas que he ido adquiriendo a lo largo de mi estancia en el D.F., detalles que cuido y que aparto del resto de mi departamento porque en algún momento alguien pensó en mi al dármelas, y para mi eso es algo muy valioso.

Esta es la vigésimo octava entrega del ejercicio anti-poético propuesto por Javier Molinero. I swear I’ll tell nothing but the truth.