Capítulo 3: La vez que amé de más

Escribe sobre la chica de la que sentiste enamorado por primera vez.

A este capítulo estuve dándole muchas vueltas, me tardé mucho en escribirlo por que sabía exactamente lo que quería decir, pero de alguna forma tenía miedo, por que la historia que van a leer a continuación es muy reciente, y emotiva; y no trata precisamente del chico del cual me sentí enamorada por primera vez. Romperé un poco las reglas y les hablaré sobre la vez que más amé en una relación, por que hoy es el momento de externarlo y de liberar un gran peso de encima, por que ser vulnerable no es signo de debilidad.

Esta es mi experiencia:

Hace ya unos cuantos meses salí de una sesión de terapia, en la que pretendía externar mi frustración por que mi novio (ahora ex-novio) de un tiempo acá se había vuelto muy distante y frío, quería hablar acerca de cómo nuestra relación se iba al carajo por su culpa. Había dejado de buscarme, de llamarme, de prestar atención a ciertos detalles y tenía actitudes que me hacían enojar bastante.

Pero antes de seguir, debo contarles los antecedentes de esta historia. Nuestra relación comenzó de lo más increíble. Lo conocí hace más de un año en las circunstancias más padres en que haya conocido a una persona; en un concierto, bajo la lluvia y mientras esperábamos a que nuestra banda favorita saliera a escenario. Toda la escena fue tan mágica que hicimos clic de inmediato. Al mes de conocerlo me pidió que fuera su novia, y no dudé en decirle que si.

Llevamos una relación muy linda aunque muy apresurada, tanto que a los dos meses de haber empezado nuestra relación me pidió que viviéramos juntos porque al parecer las circunstancias se estaban dando, yo estaba buscando un nuevo departamento donde vivir y él ya no quería vivir más con su familia. Comenzamos la búsqueda de nuestro nuevo hogar, la cual duró muy poco pues los dos sentíamos que el tema de la mudanza y vivir juntos se nos estaba yendo de las manos, y pues sí, por que prácticamente estábamos dispuestos a vivir con un completo extraño.

Dejamos el tema de la mudanza porque nos estaba causando conflictos innecesarios, y decidimos seguir con nuestra relación. Todo iba viento en popa, los dos nos sentíamos enamorados pero eso fue cambiando con el tiempo, así de rápido como empezamos a andar, se empezó a acabar la magia.

Cuando lo veía todo era perfecto, la pasábamos muy bien estando juntos y disfrutábamos mucho nuestro tiempo, pero cuando no estábamos juntos era cuando más problemas teníamos, por que el dejaba de buscarme, no quería platicar, incluso me enteraba más de los acontecimientos de su día por las redes sociales que por que él quisiera contármelas, si yo le marcaba se molestaba mucho y me colgaba. Era una persona diferente cuando no lo veía y yo se lo hacía saber todo el tiempo por que era algo que realmente me hacía sentir mal.

Pedí muchos consejos y la mayoría llevaban a un sólo camino, seguir con mi vida y dejar atrás esa relación que lejos de ser sana hacía que me sintiera frustrada. Pero en ese momento yo no quería dejarlo, sentía que si los dos luchábamos nuestra relación sería increíble, tal y como era en un principio.

Sus actos, su distancia, ausencia e indiferencia fueron los que me llevaron a asistir a terapia, quería hablar de como sus actitudes me hacían pasar de estar tranquila a tener sentimientos de rabia y coraje en tan sólo un segundo, de como su ausencia en ocasiones me generaban episodios de ansiedad y depresión. Sabía que eso estaba mal, no era normal que si él me dejaba de escribir por un par de días, yo sintiera un dolor tan grande. Y de alguna forma buscaba que un profesional me afirmara que no estaba loca, que no exageraba cuando le reprochaba su indiferencia y ausencia, y sobre todo quería que me dijera que él era el del problema.

Como era de esperarse, la terapia dio un giro inesperado, salí más confundida de lo que llegué y con un diagnóstico: Eres una mujer que ama demasiado — dijo el psicólogo.

Verán me puse a investigar y a leer un libró que me encomendó (y que les recomiendo leer aunque no estén en la misma situación, porque el tema es realmente interesante). Una mujer que ama demasiado es una mujer que piensa en su pareja antes que en ella misma, es una mujer que basa su felicidad en las acciones de su pareja, si él la llama y la busca ella se va a sentir amada, de lo contrario sufre y se siente abandonada. Es una mujer que sufre por la ausencia emocional de su pareja, pero que a pesar de eso no puede abandonarla, por miedo, miedo a estar sola. Esa era yo, estaba amando demasiado.

Leí el libro completo esa misma noche y me sentí identificada, ¡era como si el libro hablara de mi!. No dejé de llorar porque comprendí que tenía un problema grave, “codependencia”. Jamás creí que algo así me podría pasar a mi, ahora si que ¿en qué momento me perdí?, y recordé aquellas veces en que llegué a pensar en aquella amiga tonta que no era capaz de dejar a su estúpido e insensible novio por más consejos que uno le daba, pero aveces es fácil juzgar cuando realmente no hay empatía, y cuando uno lo vive desde adentro es difícil darse cuenta.

Agradezco a las circunstancias que me llevaron a dar el paso de asistir a terapia, por que gracias a esa acción comprendí muchas cosas, pero sobre todo abrí los ojos.

Seguí yendo a terapia, y debo decir que me he sentido diferente. Veo las cosas desde otra perspectiva, y en cuanto a mi novio, simplemente dejó de serlo, por que tenía dos opciones, aceptarlo plenamente sin intentar cambiarlo, o decidir que no quería en mi vida a una persona ausente. Y esa fue mi elección.

Aunque esta experiencia ha sido una de las más fuertes en mi vida, he aprendido mucho de ella, sigo luchando sin duda, pero sé que definitivamente me ha hecho reconsiderar la forma en la que veo las relaciones y sobre todo la forma en la que me percibo yo misma. Ahora intento algo nuevo que se llama amor propio, y mi felicidad ahora reside en mi y sólo en mi.


Si les interesa leer el libro les dejo el enlace aquí, y si tienen a alguna amiga o amigo que esté pasando por algo similar, no juzguen y den consejos solo por darlos, mejor tratemos de tener empatía y por qué no, pasemos una copia del libro.

Con esta línea, la primer línea de libro, comencé a comprender todo:

“Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado.” — Robin Norwood

Esta es la tercer entrega del ejercicio anti-poético propuesto por Javier Molinero. I swear I’ll tell nothing but the truth.