El día que llegamos a América

Crónica inventada

Cuando llegamos a aquella tierra memorable tuve el presentimiento de que no estábamos en las Indias. Recuerdo bajarme del barco en el que estaba y sentir esa tierra húmeda y el olor a la naturaleza. Como yo era uno de los ayudantes de Cristóbal Colón, tuve que quedarme junto con otros compañeros a cuidar los barcos.

Yo tenía muchísima curiosidad, así que fingí que alguno de mis superiores me había llamado. Me adentré a un bosque húmedo y observé como unos animales marrones de cabellera negra y con plumas, miraban detenidamente a mis camaradas, como si hubieran visto a un ángel caer del cielo. El ambiente en este lugar era muy diferente comparado con España, ya que habían muchos colores que mis ojos nunca habían visto. El clima era totalmente diferente y muy extraño, porque habían lugares donde estaba fresco y otros en los que había mucho calor. Los animales eran completamente diferente a los de mi país, por ejemplo, vi a un bicho de color azul con ojos amarillos, mientras que en España lo más raro que hay es ver mosquitos por los dormitorios. En los cielos volaban aves muy hermosas de diferentes colores y tamaños.

Luego de regresar a mi puesto, regresaron también tres de mis compinches a traer algunas cosas. Ellos nos contaron que los que creí que eran animales, eran humanos al igual que nosotros y que hablaban un idioma muy diferente al español. Lo que fueron a traer mis compañeros, eran espejos ya que decían que ellos no se veían nada avanzados y que querían enseñarle algunos de nuestros productos españoles para saber si ellos los conocían. Me dejaron quedarme con ellos, así que los acompañé a dejarles estos modelos. En el momento que les enseñamos estos cristales, se quedaron anonadados y no dejaban de verse reírse frente los espejos. Nunca olvidaré el día que llegamos a esta tierra soñada que en el algún momento se llamará América.

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