A distancia

Mi teléfono suena. Lo escucho, mientras preparo un bocadillo en la cocina. Es un sonido diferente al usual y eso unicamente puede significar una cosa: Ella está llamando. Apresuro mis pasos, pero es tarde. Cuando llego, el tono ha cesado. Una notificación en mi teléfono me confirma la llamada, ahora perdida. Desbloqueo la pantalla, busco entre los contactos y presiono “Facetime”. Después de unos segundos, veo su rostro sonriente en la pantalla.

Conocí a Gabriela en Mérida, durante un rodaje para la organización. En ese tiempo yo estaba con Michelle y estabamos en un momento bastante bueno en nuestra relación. German, el productor, estacionó el vehículo frente a su casa. “Vamos a esperar a alguien, no te desesperes”. Asentí sin mirarlo. Estaba más ocupado en responder los mensajes en mi teléfono. Quizá era una app para ligar. Yo que sé. Solía hacer cosas tontas en ese tiempo (y aun las hago, solo reduje la frecuencia…) y no presté realmente atención.

Gabriela y su madre subieron al auto. Un saludo algo efusivo y enérgico de parte de la señora bastó para sacarme del encandilamiento en el que me encontraba. Apenas reparé en ella, mientras Germán nos presentaba. Rubia, ojos grandes, un acento ligeramente extraño. Bah, una yucateca más. Cuando pienso en la poca atención que le presté ese día, siento una ligera chispa de culpa. Pero las circunstancias eran muy específicas: estaba en una relación y no pensaba en conocer a alguien más. Al día de hoy, aun no lo pienso.

Esta fue una de las fotos tomadas (y editadas con el proposito de ignorarlas) durante el viaje.

El vehículo comenzó su trayecto. Serían alrededor de horas de viaje hasta el lugar, donde habríamos de dar una conferencia sobre medios de comunicación (otras de las razones por las que estaba ahí ese día), tiempo suficiente para tomar una siesta. Habíamos madrugado para llegar a tiempo al evento y podía sentir el cansancio. Cabe mencionar que tengo muchos problemas para dormir en cualquier vehículo que se mueva por carreteras y esa ocasión no fue la excepción. No podía dormir pero sí que podía mirar mi celular, mensajear y tomar muchas fotografías. En serio, cualquier cosa es buena cuando quieres perder el tiempo e ignorar a las personas con quienes te encuentras…

¿Hola? ¿Me escuchas? Rayos, otra vez está fallando el internet. Ok, voy a intentar marcar de nuevo, porque sí te veo, pero no se escucha nada. Si no se puede voy a intentar en Skype

Y así la conocí. Tratando de ignorarla durante un viaje en carretera. ¿Quién lo hubiera dicho? No puedo mentir, ella es muy agradable y pasamos un día bastante bueno conversando. Como sea, en ningún momento pensé en ella como algo más allá de una futura colega. Curioso.

No volvimos a vernos después de 9 meses. Cada quien había vivido su vida a como pudo y a como quizo. Volvimos a encontrarnos en el mismo lugar, el mismo pueblo perdido en las entrañas de Yucatán. Nunca nos buscamos, pero ese fin de semana nos encontramos para no perdernos nunca más. O eso pensé hasta que hubo que volver a la realidad. Tuve que volver a casa. Y ella también, a Mérida. Pero algo había cambiado y nunca volveríamos a ser los mismos. La semilla se había plantado y empezaba a germinar lentamente.

No pasó mucho tiempo hasta que me diera cuenta que estaba perdidamente enamorado de ella. Creía que las relaciones a distancia no funcionaban del todo bien, pero qué diablos, tenía que intentarlo. No podía permitirme no intentarlo.

No se qué le pasa a mi internet. Está fallando muchísimo. ¿Pero sabes algo? Te extrañé.

Y aquí estamos. En un viaje sin retorno hacia el futuro…

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