Los toros y la televisión, difícil relación

TVE no consigue atraer espectadores a las corridas por dos razones que sorprenderán a los taurinos, pero no al resto.

«Vive los toros en La Primera». Al recordar nuestra infancia hacemos memoria selectiva, y muchos de los que reivindican programas «de cuando la televisión era mejor» (con solo cinco canales, no se lo creen ni ellos) olvidan u omiten que en los noventa, cada verano, TVE no paraba de ofrecer corridas de toros siempre que podía. Incluso acuñó el eslogan de arriba. Eran los tiempos de Jordi García Candau, señor que repitió la misma fórmula en Castilla-La Mancha TV, y más de una vez nos quedamos sin la serie random de turno porque tocaba una tarde de San Fermín o algo peor.

Veinte años después la situación es muy diferente. TVE ha emitido el 13 de agosto una polémica feria en San Sebastián, el regreso de los toros desde el veto de Bildu en 2013. Lejos del éxito de antaño, el resultado fue muy pobre: 877.000 espectadores, 10,2% de share. Más porcentaje que en ocasiones anteriores pero mucho menos público, a pesar de la expectación generada. En buena parte se debe a que el espectáculo ofrecido invitaba al espectador ignoto a cambiar de canal. La estampa era para verla: con Juan Carlos I, la infanta Elena y e̶l̶ ̶r̶e̶y̶ ̶J̶o̶f̶f̶r̶e̶y̶ Froilán en los tendidos, los toreros les dedicaron cada faena con discursos llenos de rabia, alegatos patrióticos e insultos velados a cualquier opositor, a los que se sumaron con alegría los comentaristas. Todo ello reafirma al seguidor tradicional… y expulsa a los demás. En mi caso, intenté verlo y salí corriendo.

En esos veinte años, la audiencia de los toros ha caído en picado y al mundillo le cuesta cada vez más atraer nuevos aficionados. Lo normal es pensar que la sociedad española «se ha concienciado», y cierto es que muchos han (hemos) cambiado el chip. Pero cuando ves que en fiestas se siguen soltando vaquillas en medio de la calle, se las tira al mar o se les pone bolas de fuego entre otras burradas, te das cuenta de hay otras razones. La primera tiene que ver con el pay per view; en los noventa, los toros eran tan populares que incluso la privada Antena 3 dio pie a figuras como Jesulín de Ubrique (con un encierro exclusivo para mujeres en Aranjuez) o Cristina Sánchez, innovadoras en su momento. Así que cuando surgió la TV de pago, Vía Digital y Canal Satélite se dieron de tortas por los derechos en exclusiva de las ferias más importantes. Esto provocó una burbuja de precios tanto dentro de la plaza como fuera, en su pantalla, que alejó a muchos. No fueron los únicos: a la Liga ACB le pasó algo parecido con la exclusiva de Canal+.

Este reportaje solo tiene 20 años de antigüedad. Hoy nos parece ciencia-ficción

La otra razón se encuentra en el propio espectáculo. Seamos sinceros: las corridas de toros son difíciles de comprender, y el mundillo taurino es tan endogámico que poco hace por explicarse. La primera en darse cuenta fue Antena 3, que dejó de ofrecer corridas en 2005 porque ya no daban audiencia. Tan simple como eso. Y la TVE de la década del 2000 se dio cuenta de que los derechos eran imposibles de rentabilizar, así que también dejó de prestarles atención. En 2011 hubo un cambio de gobierno y el Partido Popular quiso imponerlas sin importar su escasa audiencia, pensando que quizá no las seguíamos porque somos una caterva antiespañola. La misma retransmisión que en 1995, con toreros muy enfadados y planos generales para no enfocar una plaza semivacía. Y si no te gusta, el taurino estereotípico te explicará que te equivocas mediante insultos o incluso agresiones de cuadrillas como la de Morante.

En general, el toreo es un mundillo que no ha hecho nada por abrirse, basándose en una tradición con la que ya no nos identificamos. Es difícil seguir quiénes son las nuevas promesas o los mejores de la temporada porque es difícil de medir. Ni siquiera hay un ranking. La gente ya no se identifica con las historias de los toreros, a los que se percibe altivos, y que hoy surja un nuevo Jesulín de Ubrique es ciencia-ficción. No se arreglará con manifestaciones porque no son capaces de vender su producto, lo están manteniendo a través de subvenciones a la tauromaquia (la mayoría, autonómicas) y pretenden recuperar la atención con leyes absurdas en vez de construir un argumentario, apelando sólo a la tradición.

Pues con su pan se lo coman.

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