Recordando

Hace dos días me acordé de ti, fue de casualidad en una cena con amigos, se estaba desarrollando una amena y entretenida plática sobre como era dormir en casa de la abuela y de inmediato me inundaron cientos de anécdotas… pero, como el tema principal era “Que nos hacía la abuela cuando no podíamos dormir”, me quedé pensando en aquella técnica tuya, muy particular y efectiva de decir cosas bonitas al oido entre oraciones al estar asustado después de haber escuchado “historias de terror del rancho” narradas por ti generalmente a oscuras sin energía eléctrica ausente a causa de una tremenda tromba … ah eso sí … historias de terror a la carta.

Después de escucharte en cada oído y con un tapón de algodón era sencillo quedar dormido.

De nueva cuenta me acordé de ti el día que estaba preparándome el desayuno, fruta con yogurt, al retirar la delgada piel de un kiwi, “kwin” le decías, era muy gracioso.

Y así invariablemente te seguiré recordando con varias historias dependiendo de la situación sin decir nada cuando me pregunten “Estás muy callado… ¿Porqué?”

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