Como en casa

Por: Dorié Pizarro Cano

Con toda la controversia que ha generado el tema del acuerdo de paz en Colombia, decidí acercarme al CEC (Centro de estudiantes colombianos residentes en la ciudad de La Plata) para saber cuales eran las opiniones que tenían al respecto. Pero además de compartir con quienes hacen parte de esta organización, quería visitar el espacio en donde se gestan las ideas de estudiantes, artistas y militantes, que pese a la distancia, siguen teniendo un compromiso con su patria.

El lugar queda cerca de la estación de trenes de la ciudad, allí vive Hely Montoya Panche, una joven indígena del pueblo Nasa o Paez, que habita en el departamento del Cauca, en la zona andina del sur occidente de Colombia.

Hely llegó hace 7 años a La Plata con el propósito de estudiar una carrera profesional que le sirviera de herramienta para trabajar por los derechos de su pueblo. Actualmente es abogada y acaba de recibirse en la maestría de comunicación y derechos humanos que ofrece la UNLP.

De baja estatura, cabello rizado, piel trigueña, y una sonrisa adornada con finos rasgos indígenas, a sus 25 años, es una de las líderes más representativas del CEC.

Luego de un abrazo fraterno, me invita a pasar. Atravesamos un amplio jardín del que sobresalía un olmo europeo, que por su verdor, no parecía haber sufrido las inclemencias del invierno. Una vez ingresamos al interior de la casa, lo primero que sentí, fue la sensación de estar en mi patria.

En un grande y acogedor living se escuchaban vallenatos y el olor a café sello rojo, marca tradicional colombiana, aromatizaba el ambiente.

Al fondo, había una pared adornada con un sombrero vueltiao, típico de los pueblos costeños colombianos, sobre un tambor, un par de maracas y recostada a la pared una gaita, junto con la bandera tricolor. Alrededor se observaban diferentes carteles con consignas referentes a la paz y la reconciliación, además de los retratos de las diversas etnias colombianas repartidas por todo el espacio.

Me llamó la atención un perchero ubicado junto a la puerta, en el que colgaban, por un lado un carriel paisa que se usa en las zonas cafeteras, por el otro una colorida mochila wayúu, tejida por las manos indígenas de los pueblos guajiros, y en la parte superior una ruana boyacense, ideal para el frío primaveral que nos abrazaba…toda una bella mezcla regional.

En el living, se encontraban también otros dos chicos colombianos armando la logística de un evento que tendrían en los próximos días. Vane, de piel morena y siempre sonriente, oriunda de la ciudad de Cartagena y estudiante de ingeniería industrial. Y Juanda, proveniente de Duitama Boyacá, de cabello largo y negro como su barba, con ojos expresivos y bastante elocuente, líder de la orquesta de salsa Pa’lante, que acompaña algunos eventos del CEC.

Con los tres, entablamos el tema que por estos días nos dejó perplejos, no solo a los colombianos, sino a toda la comunidad internacional en general; el triunfo del NO en las votaciones del plebiscito, el pasado 2 de Octubre.

La primera en responder a mi pregunta sobre cómo tomaron la noticia fue Hely. Con la serenidad que la caracteriza y con la fuerza argumentativa de alguien que sabe de lo que habla, me dijo que después de haber llorado tras semejante desilusión, supo que era un impulso para seguir adelante con la lucha a través de lo pedagógico. Que a pesar de la tristeza que sintió al saber que los colombianos votaron sin haberse informado lo suficiente, habían otros aspectos rescatables, como el hecho de que los más afectados por la violencia, fueran los que más apoyaran el acuerdo, dando así una lección de perdón a un país que siempre ha vivido en conflicto.

Juanda y Vane también contaron la frustración que sintieron al conocer el resultado de las votaciones y apoyaron la posición de Hely, quien ha sido una trabajadora incansable del movimiento Marcha Patriótica.

Este movimiento se constituyó hace 4 años acompañando las negociaciones de paz en La Habana y ha reunido a más de 2500 organizaciones obreras, campesinas, indígenas y afrodescendientes en Colombia. En la actualidad, tiene presencia en Argentina, Uruguay, Venezuela, Chile, España, Suiza y Alemania y cuenta con el apoyo de compatriotas que alrededor del mundo, visibilizan el conflicto colombiano y promueven el aprendizaje colectivo de asuntos políticos y sociales con un enfoque artístico y cultural.

Mientras tomábamos un delicioso café colombiano, Juanda sacó la percusión y Hely nos contó algunas historias de su comunidad. Historias de gente que vive pacíficamente dentro de un país en guerra, basándose en la cooperación y la unidad. Historias que llegan a muchos rincones del mundo y que esta vez fueron contadas en la ciudad de las diagonales.

Perdimos la noción del tiempo entre música, tinto y risas, era muy tarde y el frío me atravesaba la piel, sin embargo sentía la alegría y la esperanza renovadas. Fue una satisfacción corroborar que la paz de nuestro país está en quienes creen y trabajan por ella. Salí con el deseo de seguir investigando y haciendo parte de encuentros tan enriquecedores como este, en un espacio tan cálido y sobre todo con sabor a hogar.

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